Braulio Campoverde: “Hay que tratar de ignorar el dolor hasta donde se pueda”

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Braulio Campoverde
Braulio Campoverde, autor del libro “Más allá de una fiesta” hace diferentes reflexiones sobre la vida.

Luchar por vida significa darle buenos momentos al entorno familiar y de amistades, hay que darse formas para evitar que se contagien de los sufrimientos personales, hay que tratar de ignorar el dolor hasta donde se pueda. Hay que compartir los momentos felices que pueden ser los últimos de nuestra vida, eso significa para mi luchar por la vida, expresó el comunicador Braulio Campoverde, autor del libro “Más allá de una fiesta”, quien ha salido victorioso ya más de siete años en su lucha contra un cáncer por el que los médicos no le daban mucho tiempo de vida.

Cuando estamos en plenitud de salud nos preocupa más el dinero, la acumulación de bienes, y eso no es lo correcto sino el compartir los momentos sencillos, cotidianos, una merienda, un almuerzo, un paseo, un café, reflexionó en diálogo con El Mercurio.

Creo que todos los seres humanos somos necios, solo cuando nos llega una enfermedad apredemos a ver la vida desde otra perspectiva, aprendemos a valorar desde una hoja seca que cae, una sonrisa, la caricia de un niño, un “te quiero”, un “te espero”, todo ello como prueba de la obra maravillosa de Dios.

Tenemos que aprender de las experiencias ajenas para no cometer los errores que por lo general son comunes a todos, aunque es muy difícil el cumplimiento de la prédica, casi siempre nos gana el afán del dinero y los bienes materiales, cuando la real y verdadera esencia de la vida está en la solidaridad, en el amor a nuestra esposa, hijos, padres, madres, hermanos, amigos.
Precisó que la solidaridad no es solo una palabra más del diccionario, del vocabulario diario de las personas, o un impulso vacío de caridad; está en las cosas sencillas de la vida cotidiana, en el tender la mano al desconocido que requiere apoyo, en ayudarles a orar en busca de la paz espiritual y tranquilidad.

Señaló que cuando le dieron el diagnóstico del cáncer, sintió también que le dieron la sentencia de muerte, pero cuando en realidad se dio cuenta que su esposa se hacía pulpo para atenderle, mantener el negocio y buscar el sustento diario, trabajando 18 horas al dia, dijo basta y le pedió la fortaleza a Dios para ponerse de pie y dejar de ser una carga, “y vaya que me la dio porque sigo en la lucha por la vida.

Ahora, a lo único que a veces le tengo algo de miedo es al dolor, a la muerte no le tengo miedo y estoy preparado para cuando tenga que llegar, todos tenemos una fecha de caducidad, nadie se ha quedado eternamente en este mundo, ironizó.