María José Machado y su trabajo para la Bienal de Cuenca.

Machado, que tiene como fuerte de su trabajo en el arte acción, llega a la Bienal con una propuesta de pintura, una pintura que no se logra en el caballete, sino una propuesta de pintura expandida

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Módulos blancos cuelgan de la pared de la casa y que cumplen con su función de creación de arte. PSER

Hay que fijarse en la pared de la casa que se ubica en la esquina de la Calle La Condamine y la Bajada del Vado; la casa de donde cuelga las artesanías en cobre, hojalata y otros elementos trabajados desde el saber, la creatividad, la herencia de técnicas del señor Machado.

La pared de esa casa tiene algo que rompe con la fachada común, sobre ella se han colgado ocho módulos blancos, soportes para el trabajo que la artista María José Machado realiza para participar en la XIV Bienal de Cuenca. Machado es una de las artistas ecuatorianas que representará al país en esta edición.

Esta es la primera vez que María José participa de la Bienal de Cuenca, su presencia obedece al acercamiento que sintió hacia la curaduría que plantea Jesús Fuenmayor, temáticas que permiten conectar, hablar y activarse con la ciudad y esas potenciales muy cargadas de arte relacional que se encuentran y se hacen posibles de activar.

Pintura expandida
Machado, que tiene como fuerte de su trabajo en el arte acción, llega a la Bienal con una propuesta de pintura, una pintura que no se logra en el caballete, sino una propuesta de pintura expandida que resulta de un remanente de la acción; esto es un trabajo de la acción de una manera híbrida al juntarla con las artes visuales.

El trabajo de la joven artista cuencana tiene su grado de complejidad, porque se desarrolla desde una forma muy, pero muy poética, donde se podría decir que es la ciudad la que pinta.

A nivel técnico, el trabajo consiste en crear el retrato de ocho vecinos del barrio de El Vado, ocho personas que gestan cultura, artesanía, gastronomía en la zona. Estas obras pictóricas se realizan por capas, pero es el pigmento que las pintas es el esmog de los automotores que cruzan por El Vado.

Esta es una técnica que solo a Machado se le podría ocurrir, porque toma cosas del estencil, del grafiti; durante cierto tiempo se cambian de capas y dependiendo del tiempo que se expongan estas propuestas en la pared el que crea diferentes gamas de negros; pudiendo con ello dibujar el rostro de las personas.

Es un trabajo que toma muy en cuenta esta técnica de la luz y sobra, de ese paso básico y elemental dentro del dibujo, una obra a nivel técnico muy sencillo; pero trabajar con el esmog para lograr el color es lo que potencializa el trabajo de Machado.

El Vado un sector de mucha connotación
Llevar este trabajo en el sector de El Vado tiene un valor muy grande e indescifrable para la artista. María viene de una familia que por más de 50 años se asentó en el lugar, que vivió todos esos cambios que experimentó el espacio, pero el trabajo tiene un principio que es el tema de la contaminación auditiva y ambiental.

La obra es el resultado de muchas cosas: de la historia, la trayectoria, del contacto con la gente, de sus comportamientos, de la luz, de todo ese habitar de El Vado; y claro, este trabajo es una forma muy poética de hablar sobre aquello que es evidente, pero a la vez invisible.

La selección de los ocho personajes, cuyas imágenes estarán en los módulos, se realizó de diversas formas, pero entre los retratados están: David Gutiérrez, primer artesano que se asentó en El Vado, de sus aprendices, y de quien viene toda esta escuela, esta corriente, de hacer las artesanías.

Además, está Juan Gutiérrez, artesano de la forja, quien vive el día a día y convive con el esmog; Wilo Durán; Miguel Durán, artesanos que trabajan en la zona y que durante toda su vida ha permanecido ahí, pues sus jornadas son de diez a doce horas, viviendo y sintiendo al espacio.

Ellos no son todos, la lista se integra con Eduardo Moscoso, de El Prohibido. Dos cocineras, la cocinera de “El Criollito”, una identidad gastronómica del espacio; y “Doña María” con su negocio de comida en media cuadra de la Condamine. Y para terminar Ruth Durazno, que es la que alquila los trajes.

Técnicas
René Martínez es el asistente y encargado de digitalizar las fotos de los retratados. Los cuadros saldrán para exponerse en la fecha de la bienal. Los cuadros blancos que cuelgan en la pared no son la obra, todos los días esos soportes reciben en esmog, y para la bienal misma los rostros se develarán.

El trabajo tiene algunos ejes accidentales y experimentales como son el tiempo, el clima, la luz, el sol, una ciudad difícil de controlar; que se enmarca en todas esas ideas del “Mito sin Rito” o de la ciudad como espacio, es decir se encapsula bajo esta poética del curador.

La obra empezó hace seis meses, sacando las fotografías de los representados, un análisis del formato que se pude hacer, la ejecución de los tablones, corte de los plotters, elementos indispensables para cada imagen que tiene un metro por 70 centímetros.

Una vez que el proceso de plasmado termine, la obra no se quedará allí, irá a uno de los espacios expositivos determinados para la exposición. El proceso es mostrar un trabajo hecho desde la ciudad a la galería. (BSG)-(I).