“El Vendedor” ya toma forma para salir a las tablas

Un texto que reúne la selección de diversos autores que hiciera André Breton, más algunas propuestas que vienen de Pancho, Paola, Ismael Galo, Davinci y Jacques Prévert.

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Pancho Aguirre es “El Vendedor”. Valeria Guzmán es la ayudante de “El Vendedor”. Galo Escudero es el director de “El Vendedor”. Ismael Molina es quien hace la música para “El Vendedor”.

¿Qué es El Vendedor? Una obra de teatro que se ha gestado por muchos años. Un texto leído, releído, recontra leído. Revisado y bien revisado. Un texto que reúne la selección de diversos autores que hiciera André Breton, más propuestas que vienen de otros lados, del mismo Pancho Aguirre, de Galo, quien tomó textos del cuento corto escrito y grabado 30 años atrás, de Ismael, de Paola, como también propuestas de Davinci y Jacques Prévert.

Un texto con un sentido crítico que, a través de la ironía, muestra lo contrario de la realidad, ya que las posibilidades inauditas, raras, fantásticas que puede tener la realidad se vuelven un elemento crítico, porque es un elemento de distancia y de extrañamiento, y eso se ha planteado, así como lo hizo Bertolt Brecht que de algún modo hablaba de distancias para lograr una reflexión en el espectador.

Esta creación colectiva -característica dentro de las propuestas de teatro que dirige Escudero tal como ocurrió con Lluvia años atrás- tiene una cualidad que le hace exquisita: la música como un personaje más, como una voz de fuerza.

El Vendedor de cabezas

¿Qué vende El Vendedor? Cabezas. Sí, cabezas que de principio surgen de animales. Vender cabezas no debe ser fácil, así que El Vendedor es un hombre que tiene un toque de locura, saltarín, alegre. Paola, que no hace un personaje, que varía entre tres o cuatro personajes más, dice que lo maravilloso de esta obra es que cada cabeza que sale a oferta tiene una historia que se cuenta.

Así, la ayudante saca la cabeza de “Pepita”, una joven que pasea, que es alegre; y saca la cabeza de un posible asesino también, entonces, conforme la obra avanza, la ayudante saca seis cabezas con sus historias, relatos que salen de esas cosas que están en los libros de los autores antes anotados.

Lo que no sale de esos textos es el diálogo que establecen el vendedor y su ayudante. Los actores establecen ese diálogo, desde lo que sale en los ensayos, desde la improvisación, del conocimiento del personaje. Fueron los juegos y las dinámicas de los dos actores, lo que permitió a Paola y Pancho entrar en la carne y alma de los personajes.

¿Qué cabezas se venden? Cabezas que se derriten, cabezas de colores, fluorescentes, cabezas cuadradas, redondas, cabezas cantonales. Los actores mantienen esa idea de vender cabezas, ofertando los mejores precios y a veces tentados a vender sus propias testas. Este es un trabajo que apunta a la dinámica con el público, a entrar en un juego con el espectador.

La música

¿Qué música les queda a esas cabezas? Ismael Molina prevé trabajar una banda sonora que divida una música para cada una de las cabezas, que a la vez se vuelven un personaje. Cada cabeza tiene connotaciones diferentes y los matices musicales refuerzan lo que se quiere mostrar con cada una de ellas.

Las propuestas musicales se plantean directamente con el leitmotiv, lo que permite al compositor llevar la obra a un estado en el cual se sientan las fases musicales distintas. Este es un trabajo de composición para música incidental que requiere y desde el inicio una vinculación con el director y los actores para tener un margen de tiempo y la música pueda desarrollarse son mucha presión, fuerza, que pueda fluir.

Lo interesante en el trabajo música es buscar la comunión entre lo que dicen los actores, el director y la música girando alrededor de eso, sin tomar un primer plano, siempre actuando desde un segundo plano. Molina especifica que en el trabajo compositivo se ingresa a una búsqueda, puede ser un pasillo, o puede ser que las cabezas se vendan en una feria, en fin, la parte fundamental es el estudio que se realiza en el momento en el cual se arma la obra.

“El Vendedor”

¿Cómo vender las cabezas? Pancho Aguirre, El Vendedor, sabe que desde su personaje se puede hablar de las distintas cosas que se viven en la realidad. Las cabezas son un retrato a distintas formas de ver el mundo, y por ende hay formas rígidas, fanáticas, irracionales, ultra-efectivas, primarias; al fin son cabezas que de algún modo se pueden ver en la sociedad.

El vendedor es el gancho, es el que habla de los distintos tipos de cabezas, de formas, comportamientos y eso es el enlace para una escena completa. ¿Cuál es el precio de una cabeza o no se habla de precios? Pancho dice que no se habla de precios.

¿Y de valor? Pacho también dice: “los términos están trastocados, precio se ha degradado, se lo ha puesto como costo de un producto, cuando en realidad es apreciar, mientras que valor es una convención de superioridad de una cosa sobre otra antojadiza”. Por lo tanto, las cabezas no especifican una cifra, un número, un monto a pagar.
El objetivo de Galo Escudero es estrenar “El Vendedor” en octubre próximo. Cuatro años de trabajo para esta obra que recobra el teatro de crítica, que busca sacudir al espectador y se sienta parte de la misma.

Las luces, vestuario, escenografía se definirán en este trayecto. Los creadores tienen claro la estética esperpéntica a poner, en el vestuario de los actores, en las luces con las propuestas de Juan Álvarez, y con Miguel Atre que trabajará las cabezas con las características de cada una de ellas: rubias, negras, mestizas, indígenas. “La gente va a comprar las cabezas, le interesará tener esas cabezas”, dice Galo. (BSG)-(I).