En bicicleta, el Tour del Caucho

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«Ya vamos llegando, nos vamos acercando«:
Esta fue la frase continuamente usada para no desfallecer durante los 12 días de recorrido en bicicleta por una casi interminable carretera para el Tour Internacional del Caucho de 1.100 kilómetros, organizado por el grupo peruano de Ciclistas de Larga Distancia (CLD) para recorrer Perú, Bolivia y Brasil.
Tal como se siente un niño en una dulcería, así fue mi felicidad cuando volví a ver a mis siete viejos amigos, a quienes conocí cuando tenía 18 años de edad durante mi viaje anterior con el mismo grupo desde Colombia hasta Perú.
En este viaje se vivieron muchos sentimientos y emociones. Cada kilómetro recorrido fue un aprendizaje nuevo que perdurará por el resto de mi vida.
Durante algunas etapas del Tour mi mente pensó continuamente «se vive o se muere en el intento«, un pensamiento motivado por los grandes sacrificios que demandaron las distintas etapas, como coronar el Abra de Pirhuayani, el pico de una montaña ubicado a 4.725 metros sobre el nivel del mar.
También el hecho de luchar contra el fuerte sol e intensa humedad, características propias de la selva, pese a que para ganarle horas al sol muchas veces salimos antes de que cante el gallo. Es decir, muy de madrugada.
«Para escribir las mejores crónicas tienes que conocer y probar los platos típicos de cada ciudad que visitemos«, me advertía Stalin Mendoza. Haciendo honor a sus palabras tuve el placer de saborear el famoso pan gigante Chuta de Oropesa, y el jugo de Quinua con manzana y canela, una bebida muy parecida a las aguas aromáticas de sábila que se venden en Ecuador, y que para mí fue un «levanta muertos« que me permitió soportar temperaturas de hasta 4 grados centígrados, mientras recorríamos los trayectos en la sierra peruana.
Así, durante 15 días mi vida se movió, se paró y cambio de ritmo por las continuas historias que encontraba t que me permitieron agrandar mis ideales y mis convicciones por la lucha social.
Por este motivo y por la experiencia ganada, siempre voy a estar agradecido con el grupo de Ciclistas de Larga Distancia del Perú, que me ha enseñado a ver las dos caras de la moneda de la vida. (I).

Texto y Fotos, Jorge García Durán.
Estudiante de Comunicación Social
Colaboración especial para El Mercurio