Entrenzar culturas en paz y armonía a través de la ritualidad

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Una multicolor chacana es el símbolo de lo multicultural y los diversos componentes de la sociedad. PSR

En el ambiente de invierno y sin que el Tomebamba crecido pueda escaparse de las miradas, hombres y mujeres hacían la ronda para un rito por la paz.

Fue la terraza de Todos Santos, desde donde la plegaria se elevó con música, con canto; mujeres y hombres hicieron sentir esa fuerza de voz, todos cantaban: “Fuerzas de la paz/ crezcan siempre más y más/ que reine la paz y cese toda guerra/ mir miru mir”. Lorena Tamariz, sabia, presidía la ceremonia. Los guitarrista y percusionista interpretaban las notas que ensamblaron con las voces, así, en coro.

El ritual fue el parte del cierre del proyecto “Mujeres entrenzando paz y amor”, que desde el ocho de marzo se realizó en Cuenca, con el fin de juntar los saberes, las identidades y las culturas en un mismo nivel, con equidad, sin expresiones superiores ni inferiores.

La chacana y su simbolismo

Allí, en la terraza se trazó una chacana cuya cromática representaba el color de las cuatro grandes razas del mundo: la raza roja, América; la negra, África; la amarilla, Asia; y la blanca, Europa y Norteamérica. La convicción de este trazo logrado con maíz, es que todas las razas se junten, se hermanen.

La entraña de la chacana -el ideograma de la cosmovisión andina, y lo andino es la diversidad, la fiesta, la celebración- guardaba simbolismos milenarios como el círculo, el espiral, el infinito. Todos se lograba con granos de maíz, habas, fréjoles, con plantas, velas, tantas cosas traídas de la tierra.

La cruz andina estaba repleta de significados. Roberto Ochoa, taita, explicó que todo lo que en ella está alude a algo, a la dualidad, por ejemplo, lo masculino representado por el aire y el viento; y lo femenino con la tierra y el agua. La chacana es un calendario también, hay símbolos que muestran a la época seca, el verano y el invierno, con mucha lluvia. Al final todo es complementariedad, relacionalidad, solidaridad y correspondencia.

Encuentro de culturas

Muchos fueron parte del ritual, extranjeros, ecuatorianos, miembros de comunidades, esa participación puso de manifiesto el encuentro de las culturas en paz, sin rupturas, sin que una de ellas sea exclusiva y la otra excluida, que era el espíritu del proyecto, poner a las dos “culturas” por decir así, en el mismo espacio y nivel.

El proyecto tomó dos puntos: el eje europeo, occidente, que llegó con la conquista, y que en este programa integró al Museo de las Madres Conceptas, y el eje andino, América con las Yachac – Sanadoras; estos dos soportes constituyen la identidad, ese entrenzando en el cual a veces uno se pone sobre otro, pero siempre en armonía y paz.

Mónica Muñoz, señaló que el sincretismo que se dio hace más de 500 años con el encuentro de las culturas en esta geografía americana, es una situación permanente, sigue en construcción, y desde el Museo se tomó esta acción, porque hoy en día, el museo es un punto de reflexión, de pensar para qué están y qué hacer. “Museo que no se da a la sociedad, no sirve”, es la sentencia de la contemporaneidad museística. (BSG)-(I).