Gotas que hablan

Viviana Bernal Estrada

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La superficie se refresca con la llegada del invierno, el cuerpo recurre a los atuendos propios de temporada y un buen café no se hace esperar; también se vale un “fuertecito” para quienes prefieren otros sabores.

El invierno llega con fuerza haciendo honor a los refranes populares de siempre: abril, aguas mil y mayo hasta que se pudra el sayo; frases que las he escuchado desde niña y que las conservo con la más cierta retentiva. Más allá de la trascendencia de lo cultural a lo tradicional es la identificación de una sociedad muy peculiar y la perpetuación de lo que a ritmo generacional se preserva; cualidades y costumbres que nacieron en algún rincón familiar y se esparcieron hacia lo foráneo.

Gotas que hablan de frescura, de runrunes de chapoteos y que emanan apacible sensación; hermoso contemplarlas mientras barnizan los cristales y aromatizan los ambientes con perfume a humedad; gotas que en abundancia seducen al letargo y gotas que ocasionan cierta perturbación; gotas que a conteo desempolvan y gotas que vigorizadas entre sí, nutren a la tierra que las acoge.

Impetuosos chubascos los de ahora, los que inducen a leer, a escribir, a sentir la música, a abrigarnos de la buena compañía y a perdernos en nosotros mismos mientras dure su momento… (O)