A poner las barbas…

Simón Valdivieso Vintimilla

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A poner las barbas en remojo, nos recuerda la impertinente abuela de la casa, cuando a esta hora ya es público y notorio en el Ecuador entero la investigación que se está desarrollando en torno a la eventual desaparición forzada que se iba a producir en la persona del activista político Fernando Balda, que para efectos de manejo de la información se dice secuestro.

Cuando veas afeitar la barba de tu vecino, ten la prudencia de poner la tuya a remojar, insiste la abuela de la casa, haciendo referencia a esos refranes que surgen de la sabiduría popular a partir de metáforas. Y ello está dirigido a esos actores de la “Década Perdida” que implementaron la SENAI, brazo ejecutor de los actos realizados en contra Fernando Balda, y no sé cuantos más, piensa la abuela de la casa, porque el dedo apunta al ex presidente y por ende a los que estaban detrás.

Y es que efectivamente en un principio hubo un secuestro, en el que intervinieron agentes estatales que hoy a través de la figura de la cooperación eficaz, han desembuchado y puesto de manifiesto que las voces de mando nacieron desde arriba, desde Carondelet y la casa contigua, para la sustracción de esa persona en la República de Colombia; pero los fines no eran aquellos que tienen que ver con el plagio o secuestro como delito -o es que a lo mejor si querían del plagiado su silencio a costa de su vida- y de ahí que estamos convencidos que la Fiscalía General del Estado, deberá formular cargos y acusar por tentativa de desaparición forzada.

Por primera vez en Ecuador se tipifican infracciones como la omisión de denuncia de tortura, la desaparición forzada, honrando compromisos internacionales, es decir con el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Y efectivamente creo que se va a inaugurar ese tipo penal –desaparición forzada- con el procesamiento de quienes han intervenido en ese hecho abominable.
De acuerdo al Código Orgánico Integral Penal, la o el agente del Estado o quien actúe con su consentimiento, que por cualquier medio, someta a privación de libertad a una persona, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero o destino de una persona, con lo cual se impida el ejercicio de garantías constitucionales o legales, es autor del delito de desaparición forzada.

No hay entonces por donde perderse, lo iban a ejecutar dice un testigo experto colombiano que ha declarado en Ecuador frente a ese hecho suscitado en Colombia. Les salió el tiro por la culata, comenta la abuela de la casa, pues si no interviene la policía colombiana y captura a los paisanos “secuestradores”, nadie hubiese sabido que detrás de ese acto inhumano estaba el gobierno ecuatoriano haciendo de las suyas en el ejercicio del poder.

En buena hora que las acciones por infracciones de lesa humanidad, desaparición forzada de personas sean imprescriptibles tanto en la acción cuanto en la pena. Por más que esté escondido en un ático le caerá su “San Benito”, insiste la abuela de la casa. Y es que ese adagio popular les cae como anillo al dedo a los “duros del régimen”, es decir a chiquitos y grandes cuyos nombres ya van apareciendo en la investigación. Y concluye, los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que se mantienen neutrales en tiempos de crisis moral, recordando al Dante. La Fiscalía tiene la palabra. (O)