Los Cañaris en el Incario y Conquista

Tito Astudillo

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La singularidad lingüística del -cantado morlaco- es un signo de identidad del habitante azuayo, cuya razón debe buscarse en el sustrato y éste no está en el quichua, porque de ser así se cantaría en toda la Sierra, debe buscarse entonces en el sustrato cañarí, pese a que el incanato imponía su lengua a los pueblos conquistados, el cañarí subsistió y subsiste en su espíritu tonal, plantea Oswaldo Encalada Vázquez, lo que ratifica la tesis de que los Cañaris tenían su propia lengua como parte de una matriz cultural que les definió como pueblo con identidad propia, identidad que le permitió sobrevivir a las sucesivas conquistas incásica y española, espacio histórico estudiado por el doctor Gustavo Reinoso Hermida en su libro “Los Cañaris en el Incario y la Conquista Española del Tahuantinsuyo”, de reciente publicación en nuestra ciudad.

A la luz de lo registrado por los cronistas de indias, tratados históricos, arqueológicos, de sus propias investigaciones de campo y otras fuentes, el autor, analiza las raíces culturales del pueblo Cañari, desde el poblamiento de su espacio geográfico, actuales provincias de Azuay y Cañar, en las huellas de los primeros cazadores recolectores dejadas en Chobshi y Cubilán alrededor de 10.000 a. C; de las culturas agro alfareras de Narrío 2.300 a. C, Tacalzhapa 500 a. C y Cashaloma Cañari propiamente dicha, 500 d. C; de los enfrentamientos del cacique Duma ante el Inca Tupac Yupanqui y los primeros mitimaes cañaris al Cuzco en calidad de rehenes; cómo Huayna Capac, trasladó más comunidades cañaris a diferentes latitudes del Tahuantinsuyo y la confianza del Inca nacido en Tomebamba, en su valor y lealtad, sirvió para incorporarlos a su guardia personal, ejército multinacional y a la custodia de los templos del Sol en Tomebamba, Coricancha, Sacsayhuaman, Copacabana y Titicaca. También analiza el rol de este pueblo en la guerra de sucesión entre Huascar y Atahualpa, el triunfo del Inca quiteño y las represalias contra el pueblo Cañari que significó el exterminio de más dos tercios de la población de sexo masculino, que no satisfizo, del todo, al Inca, que en su cautiverio en Cajamarca, aseguraba que de no estar preso, de regreso a Quito “acabaría de asolar a todos los pueblos de Tomebamba”.

Los cañaris sobrevivientes, se aliaron a los españoles en la conquista y consolidación de su dominio sobre el Tahuantinsuyo, siendo un factor determinante, como en la batalla de Tiocajas entre los ejércitos de Benalcázar y Rumiñahui en 1534; o, en la rebelión de Manco Inca II, en la que el triunfo, en duelo, de Francisco Chilche Cañari, oriundo de Hatun Cañar, sobre el capitán del ejército incásico, puso fin al levantamiento.
“¿Cómo la etnia cañari, un pueblo tan pequeño, fue uno de los principales actores para el colapso del Tahuantinsuyo y constituyó el mayor impulso militar para la conquista y consolidación del poder español sobre en Incario?”, es la pregunta que el autor se propone responder en su libro “Los cañaris en el incario y la conquista española del Tahuantinsuyo”, obra que debe leerse para conocer, de fuente informada y crítica, la trascendencia de este pueblo y su legado a nuestra identidad. (O)