Interrogantes no resueltos

562

Luego del trágico desenlace del secuestro de tres trabajadores de la prensa nacional, por parte del grupo armado irregular supuestamente liderado por el individuo de alias “Guacho”, el asesinato de militares, y el secuestro de una pareja, subsiste una serie de interrogantes hasta el momento no absueltos, y que tanto los familiares de las víctimas como la ciudadanía, en general deben saber a ciencia cierta, so pena de mantener una espesa cortina en torno a los entretelones de lo que ocurre en la frontera binacional con Colombia.
En primer lugar. ¿Puede solamente una banda de supuestos disidentes de las FARC mantener en jaque a los gobiernos y fuerzas militares de dos países? ¿Acaso detrás de la banda de “Alias Guacho” no se esconde una realidad mucho más grave, esto es el poder del narcotráfico internacional y sus brazos armados en el norte del Ecuador y diversos sectores del vecino país, donde prácticamente dominarían estos territorios? Además, cuales son los verdaderos términos de los acuerdos de cooperación entre nuestras fuerzas armadas y policiales y las del vecino país colombiano para que los escenarios del conflicto se hayan trasladado con su violencia hacia acá.
De otro lado, la aparente falta de experiencia en el manejo del secuestro de los periodistas y sus lamentables consecuencias, debe ser reconocida, puesto que no se pudo jugar con la vida de los secuestrados a través de canales no operativos y titubeos, que más bien precipitaron las cosas. Un secuestro u otro hecho violento es, desde cualquier punto de vista, execrable, pero por ello mismo no basta con el rechazo y los epítetos en contra de estos delitos, si no actúan con el debido profesionalismo, y si no se lo tiene, pedir ayuda internacional, no de Colombia, que se demostró incapaz de frenar estos hechos y coadyuvar con una negociación finalmente frustrada, sino de organismos como la ONU o estados amigos que sepan manejar este tipo de situaciones.
El Ecuador, quiérase o no, ha ingresado como objetivo de los grandes carteles de la droga, que tienen uno de sus mayores y más peligrosos tentáculos en la vecina Colombia, cuyo proceso de paz ha demostrado su falta de aplicación real. Queda aprender de otras experiencias para enfrentar tan grave amenaza.