Danilo Arroyo, un artista que produce desde su experiencia con otras nacionalidades

El baterista, percusionista y productor, Danilo Arroyo, presenta su segunda producción “Ñuca Shungu”. Próximamente presentará una tercera, desde su experiencia en la comunidad Juncal del Valle del Chota (Esmeraldas). Arroyo se vio involucrado en la música desde los 4 años al estudiar piano. Cuando era adolescente descubre el rock and roll, y forma una banda llamada Materia Prima, con el que salió de gira por el país y recibió gran acogida. Con esa experiencia participó en otras agrupaciones, para luego colaborar con Tercer Mundo y otras bandas. A los 18 años fue a estudiar música en Los Ángeles, y después empezó a trabajar con Juan Fernando Velasco, Crucks en Karnak y otros artistas del país.

¿Cuéntenos sobre cómo nació “Ñuca Shungu”?

Ñuca Shungu” es parte de mi proyecto personal, es una conexión creativa con diferentes regiones del país, con diferentes idiomas, nacionalidades.

Esta experiencia se dio en Peguche, Imbabura, una comunidad quichua de allá. La música es original basada en el ritmo de San Juanito con sonidos andinos del Inti Raymi de zapateo. Tiene un letra en quichua y español, es una copla tradicional de Tránsito Amaguaña, una luchadora de los derechos humanos de los pueblos nativos del Ecuador. Ella usaba este canto en las marchas, cuando se iba a la ciudad para protestar. La letra dice un poco de “vamos caminando que el amanecer está por llegar, aquí les dejo mi corazón”, hay una traducción en quichua y una parte español.

Además hay un video que lo lancé en YouTube, ahí hay una colaboración multiartística porque hay danza contemporánea de una chica, personificación del personaje Uma Zapa, y participan dos de los músicos que colaboraron en esta producción que es la cantora Carolina Bautista de la comunidad Cayambi, y Ali Lema que es otro músico quichua de Peguche.

¿Ha tenido acogida este tipo de música?

Mi preocupación era de cómo reciba la gente quichua. Pero este tipo de música ha tenido bastantes cumplidos y aceptación de los extranjeros, les llama la atención la música ecuatoriana y sobre todo, hecho de esta manera.

Pero pensaba qué pensarán ellos, y les encantó, me abrieron las puertas, inclusive la oportunidad de seguir haciendo música, y me dieron muchísimo cariño.

¿Siente que está rescatando o aportando a la música ecuatoriana?

Yo diría aportando, no rescatándola, y digo que la ciudad es la que está un poco desconectada, los pueblos nativos están siempre en contacto con gente del extranjero, pero es muy raro que alguien vaya de Cuenca, Quito o Guayaqul. Entonces no diría rescate porque la verdad hay un movimiento muy importante de la música indígena, que inclusive exporta y están en contacto con el mundo, somos nosotros, la gente de la ciudad los que estamos desconectados de esa realidad. El poder más grande que tiene el Ecuador es reconocer su multiculturalidad, y esa fue la iniciativa que me nació.

¿Cómo fue que decidió empezar a realizar esas producciones?

A mí me gusta la música ecuatoriana, he colaborado como músico para grabaciones y giras. He trabajado con Juan Fernando Velasco, Verde 70, kiruba, Fausto Miño, entre otros, entonces a todo eso yo llamaba música ecuatoriana, pero es poco y ahora me doy cuenta que era muy limitado, que solo es un porcentaje muy pequeño de lo que realmente brinda el Ecuador. Esa fue la iniciativa, de adentrarme a ver que más había, y me encontré que los pequeños éramos nosotros.

¿Cómo ha sido lo de viajar para conectar y crear?

Hace un año y medio inicié con mis viajes, fui a Santo Domingo de los Tsáchilas a colaborar con ellos, he ido para Juncal, para Cañar. Me junté con mucha gente, ahí cada región tiene su propia música, tradiciones, fiestas, idioma, un poco eso ha sido lo que he querido hacer experimentar del país.

Mi intención es esa: crear y conectar después de todas las experiencias vividas, por eso, lo que hago, música ecuatoriana, pero no es música tradicional, porque en realidad no crecí en el campo, entonces tampoco me sale muy tradicional, sino con esta fusión de la música moderna, elementos electrónicos, un tipo de producción mas contemporánea.

Antes la primera producción que compartí, fue la experiencia con los Tsáchilas que se llama “Tera tera”, significa baila, baila, en idioma Tsáfiqui. He compartido unos remixes de música esmeraldeña, y ese es el objetivo: seguir creando.

¿Cómo se siente luego de poder contar con algunas experiencias?

Ha sido un regalo increíble. Tuve la oportunidad de vivir 10 años en Los Ángeles, y también trabajando como músico, ahí nace también la necesidad de la identidad, porque el rato de compartir con gente de todo el mundo, me exigía como ecuatoriano qué podía aportar. Ahí me di cuenta de que no conocía mucho de mi país, que solo conocía un pedacito. Incluso gente de afuera conocía más y me hablaba de sus visitas al Oriente, y eso fue como el empujón para darme cuenta de que solo había vivido un porcentaje del del Ecuador. Ahora me siento más ecuatoriano que antes, estoy realmente conociendo. (MAA) (E)