Agresiones injustificables

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Durante las últimas semanas se han multiplicado los casos de agresiones a agentes de tránsito. Son varias las ciudades donde se repiten estos hechos condenables contra quienes cumplen una importante función de servicio a la comunidad a través de controlar el tránsito. Los agresores son de la más variada condición, pues hay hombres, mujeres, de distinta edad y condición social. Las circunstancias en las que se dan estas agresiones, tienen un mismo patrón: ciudadanos que transgreden las normas de tránsito. Cuando los agentes tratan de citarles, reaccionan violentamente y con prepotencia agreden a esos agentes.

El tránsito vehicular crece cada día en todas las ciudades y genera problemas de distinta clase. La alta circulación de vehículos sobre todo en horas pico y en zonas congestionadas obliga a una presencia constante de los agentes para en algo aliviar las congestiones. En otras ocasiones y sobre todo en fines de semana y más todavía cuando se trata de feriados, la exagerada ingesta de licor por parte de algunos conductores hace que éstos generen accidentes en los cuales no solamente ellos sufren las consecuencias de su irresponsabilidad sino también otras personas que no tienen la culpa pero son perjudicados.

Generalmente son conductores presionados por la necesidad de llegar a tiempo s su destino o aquellos bajo los efectos del licor los que reaccionan violentamente contra los agentes de tránsito protagonizando actos bochornosos como los que han circulado profusamente n las redes sociales en estos últimos días. En algunos casos las agresiones tienen un alto grado de violencia. El caso de un conductor en estado etílico arrastrando cientos de metros con su vehículo a una agente de tránsito o el de una mujer que arremete contra un agente hasta dejarlo tendido en el piso, son escenas vergonzosas cuyos actores deben recibir todo el peso de la ley. Lamentablemente los jueces a veces se rinden ante presiones y no aplican la ley. Nada justifica las agresiones contra agentes que cumplen con su deber controlando el tránsito, para bien de todos.