“La poesía era el único modo de vida posible de Efraín Jara”

157

Jorge Dávila es de esas voces literarias que mucho se adentró en la poesía del recién fallecido escritor cuencano Efraín Jara Idrovo.

Lo decíamos anteriormente y porque así lo señalan las voces de la literatura cuencana, Dávila es uno de los tres más estudiosos de las propuestas que escribiera Jara Idrovo durante su trayectoria como escritor.

En una entrevista sobre el legado que deja Efraín y la trascendencia de su trabajo en poesía, el escritor cuencano dice:

¿Qué era para Efraín Jara Idrovo la poesía?

Creo que era el único modo de vida posible, pues no le imagino que concibiera su propia existencia separada de la producción poética, por la que tenía un fervor amoroso, estético, cotidiano y, al mismo tiempo, trascendente.

¿Cómo influye la poesía cuencana de las primeras décadas del siglo XX en sus inicios poéticos?

Para mí, que de ninguna manera.

El grupo Elan al que Jara pertenecía, sentía un gran desdén por el paisajismo ingenuo y los tonos románticos tardíos de la poesía anterior a ellos. Buscaban una forma del decir poético, distinta, musical, hermosa, pero divorciada de todo lo que les precedió.

¿Sus primeras obra Tránsito en la ceniza y Rostro de la Ausencia que estilo tienen?

“Rostro de la ausencia” y “Tránsito en la ceniza” eran libros tempranos de un marcado neo romanticismo, quizás cercano al primer periodo de Dávila Andrade,y, de hecho, al Neruda de los Veinte Poemas de Amor.

Pero él, inconforme siempre, no estaba de acuerdo con esa poesía, que fue más bien cordialmente recibida y destruyó los textos.

Muchos años después, y por la inquietud de sus estudiosos y amigos, rescato algunos bellos poemas.

¿Qué hay de las influencias de poetas de otros países Octavio Paz, por ejemplo?

En la madurez él buscó otras voces a las que se sentía afín, como el T. S. Eliot de Tierra Baldía, al que admiró siempre, y el Valery de Cementerio Marino.

Le gustaba el alejamiento de lo convencional poético para cantar la desolación próxima, conocida, en el primer caso, y la capacidad de hablar, con perfecta abstracción poética, de temas trascendentes, a ratos herméticos, en un lenguaje lírico estrictamente formal, en el segundo.

¿Cuál era el apego, la amistad que tuvo con César Dávila Andrade?

Con Dávila Andrade, de quien le separaban ocho años, había una relación de bohemia, fundamentalmente. Recibió su influencia en la primera poesía, pero no de una manera consciente. Le sabía grande, pero pensaba que pudo serlo más.

Ese era su severo criterio de gran amante de la perfección formal, frente a un Dávila al que la vida parecía arrollar, por ciertas debilidades, aspecto que influía en algunas imperfecciones formales, debidas a la prisa, a la existencia un tanto desordenada, a las preocupaciones de supervivencia.

¿Cuándo viaja a Galápagos, cuál era la intención de Jara?

Un contacto directo con una naturaleza que él admiró toda su vida, prístina, en estado puro, incontaminado, lo más cercana posible al marco que debió servir al hombre primigenio.

En sus últimos viajes sentía que ese espíritu de sus amadas Galápagos se había perdido en gran medida.

¿El trabajo en esa isla de 26 habitantes en ese entonces marcan una faceta en la propuesta poética de Efraín?

La influencia poética de las islas no es inmediata. Es posterior. En un inicio se estaba saturando de sus vivencias en el archipiélago.

¿Sollozo por Pedro Jara se ubica en una etapa especial dentro de su poesía?

“Sollozo” es la reacción del súper intelectual, que fue siempre Jara, a un dolor inconmensurable, devastador.

Él estaba ya lleno de todas las inquietudes líricas, musicales, artísticas y científicas, que luego volcó en el texto.

Pienso que fue un duro calmante poético, pero, sumido en esas soberbias e interminables estructuras, en las que las Galápagos ocupan un lugar trascendente, logró vencer su inmenso sufrimiento, y dejarnos el monumento lírico que nos legó.

¿Efraín fue un poeta que se ajustaba a las corrientes que surgían con el tiempo en el mundo?

Efraín escribía de acuerdo con sus inquietudes, su intensa cerebralidad, su conocimiento profundo de la poesía del mundo.

Su trabajo, por bello que fuera, por accesible que pareciera, era siempre de una densidad enorme, y respondía a SU visión del mundo, tanto en lo humano como en lo lírico, por eso no tiene ni antecedentes concretos, identificables, ni ningún seguidor que valga la pena. (BSG)-(I).