20 años “Observando” para hacer periodismo sin miedo ni compromiso

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Jaime Cedillo, Fundador – Director y el periodista que está al frente de la revista que cuenta con varios colaboradores en sus artículos. LCC

Son 20 años de observar el mundo. Sí el mundo, porque el ojo crítico de Jaime Cedillo es como un radar, todo está en su agenda y, de los temas que conmueven a esta comarca, al país y al planeta hay que hablar, denunciar, informar.
Bajo el principio de un manejo ético de la información y respondiendo a la convicción de decir la verdad sin compromiso, así se mantiene la Revista El Observador, órgano de difusión cuencano que este mes cumple 20 años de trabajo, dos décadas que ya son parte de una rica historia.
Jaime se embelesa cuando habla de los orígenes de su proyecto, de su revista, que nació como él lo dice- y con tanta satisfacción- “una extraordinaria aventura periodística”. Nació con la idea de hacer un periodismo alternativo a lo que ya había, pero sobre todo, a poner en práctica un periodismo libre, independiente, sin ataduras, con esa libertad de expresión que se mantiene de principio a fin, sin acobardarse, amilanarse, el temor no existe cuando de decir la verdad se trata.
Es de ver El Observador número uno que circuló por primera vez en 1998, casi al filo del milenio pasado y del nuevo. Monseñor Luis Alberto Luna es el personaje de portada, no podía ser otro personaje sino él, recordado obispo por su presencia no solo en el accionar de la iglesia, sino cómo desde la doctrina trabajó por los derechos de su pueblo. Y es de ver El Observador de este abril, 20 años después, cuando lo que ocupa a Cedillo y su equipo de periodistas es saber ¿Qué pasa luego de la Consulta Popular?
De diez mil sucres a dos dólares, así es el recorrer 20 años observando este mundo y plasmando en una revista, todo el trabajo le deja satisfacciones, pero sobre todo aprendizajes, dice Cedillo, en una entrevista:

¿Cuál fue el propósito de nacer con El Observador?
Defender la Libertad de Expresión, con este objetivo me impuse el reto de emprender esta aventura, que no sé cuándo culmine; a lo mejor cuando se apague la luz de la vida. Soy el fundador – director, un grupo de compañeros nos reunimos para emprender esta tarea periodística, dura pero fascinante.

¿Qué había que observar en ese entonces?
Lo que se observa permanentemente. Pasan los años, las cosas, y siempre hay algo que observar, se viven épocas, unas más duras que otras; pero en 20 años hemos vivido los años más duros, con el tema del Correísmo.

¿Cómo así Monseñor Luna en la portada de la primera edición?
Hace 20 años Monseñor estaba en la cúspide como líder y pastor de la iglesia vinculado con los problemas de la ciudad y la gente. El “Monchito” escribió para la revista algún tiempo y decidimos dedicar la portada a él del primer número. Como monseñor Luna muchos que dejaron este mundo fueron parte de la revista: Belén Andrade, Hernán Crespo, Deifilio Coronel entre otros.

¿El Observador nace en tiempos donde el periodismo juega un papel importante en la denuncia por la corrupción?
Etapa que se endureció en el Correísmo, los que hacemos la revista vivimos momentos muy difíciles con el tema de las persecuciones, acusaciones, dos juicios políticos que tuve que enfrentar: uno en la administración del arquitecto Fernando Cordero Cueva. Hemos defendido con santo y seña, con nombres y apellidos toque a quien toque y duela a quien duela, ese es el periodismo que practicamos, un periodismo de denuncia. Y el último juicio que enfrentamos con Caupolicán Ochoa que me quiso mandar a la cárcel por un artículo que no escribí, que compartí un blog personal que tengo, y quiso convencer a la jueza que soy el autor y me condenen a prisión, pero a él no le salió, porque ni en primera ni en segunda instancia pudo salirse con la suya.

¿La revista nació siempre como impreso?
Mantenemos el físico, tenemos una versión web y la radio “on line” que es el complemento de la revista. Hemos hecho El Observador 20 años y solo en Gráficas Hernández, desde la primera hasta la última. Mantenemos el papel, la calidad, pero sobre todo el mismo ñeque de toda la vida.

¿Cuál es el alcance de la edición impresa?
Enviamos a donde podemos, aprovechamos la presencia de la gente que llega a la ciudad por visitas académicas o turísticas y se las entrega sin costo. La revista llega a Quito, Guayaquil, entre otras ciudades. No ha sido tarea fácil para hacer la revista bimestral

¿Cómo festeja los 20 años?
Lanzando la edición 104, manejamos las cosas con perfil bajo. (I)