Andrés volvió de New York y se alojó en “La Guarida”

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El director de “La Zapatera Prodigiosa” y próximamente “El Público”, también de García Lorca, le apuesta al emprendimiento cultural con mayor apertura a diversas expresiones del arte.

Era una tarde de febrero de hace tres o cinco años. La casa de adobe, vieja, casi destruida por intrusos que ingresaban a pegar hojas de revista, a dibujar imágenes de diablos, a quemar troncos para volver cenizas los adobes, estaba transformándose.

Un joven emigrante que había regresado de Nueva York a su natal Cuenca, para respirar el aire andino que aún estaba impregnado en su memoria, en su piel, había comprado el inmueble,con la idea firme de transformar el ambiente del barrio de la Convención del 45 y de los vecinos del Tandacatu, haciendo de esas cuadras, de esas esquinas, un espacio de cultura, de arte.

Andrés Zambrano se llama el joven, que sigue joven. En ese entonces, Andrés abrazaba a su perro “tucho” y mientras por la cabeza pasaban como una película miles de ideas, la casa iba tomando forma de una residencia de estilo republicano. Andrés llegaba con esas ideas de cultura y de artes, como resultado de las cosas que había estudiado en el Bard College donde obtuvo una licenciatura en Teatro y Literatura.

Miles cosas quería hacer, en muchas de ellas estaban impregnadas las experiencias que había cosechado en Repertorio Español y como director de La Zapatera Prodigiosa”, del grande Federico García Lorca. Era un tiempo en el cual, los proyectos estaban en carpeta, empezaban a tomar forma porque, el joven gestor cultuiral ponía en práctica lo prendido en el programa educativo patrocinado por la fundación Neediest Cases, de The New York Times.

La Guarida no nació con la etiqueta del Centro Cultural, oficialmente en el país no existe esa nominación, esa figura; más bien, es una cafetería donde el aroma y sabor del café se combinan con los toques de arte musical, de arte escénico como danza, teatro; también de cine y otras expresiones.

La casa de los sueños
De la casa que nunca se convirtió en cenizas solo quedan las paredes. Zambrano la transformó en un palacio andino. Conservó la arquitectura original, barnizó los adobes, le restauró la segunda y tercera planta, decoró con madera buena parte de su infraestructura y el patio que es el pasillo de entrada se transforma en la tarima para los músicos, actores, actrices, bailarines.

La casa tiene un horno de leña, donde se hacen pizzas. Tiene un bar donde se guardan cervezas y una barras para saborear un trago. Allí todo se optimiza. El patio donde entran 40’sillas para espectadores, las mesas para servirse un sánduche y un café; y la tramoya donde penden las luces.

Arrancar y avanzar en el emprendimiento tiene sus páginas de cosas gloriosas y de cosas difíciles. Transformaciones, cambios, orientaciones, búsqueda y acercamientos a los públicos. Son tantas las circunstancia a considerar, pero mientras el corazón palpita, Andrés continúa en este proyecto que no fue un sueño, que es una realidad que exige trabajo, visión e innovación.

Innovación
Sí, innovación, esa es la palabra clave. El año pasado, el café dio un giro, abrió sus puertas a una diversidad de expresiones y gestores. El cambio requirió sacrificio, constancia y decisión, allí en la memoria del Zambrano estás los “pollos perimplim”, programa de donación de 20 pollos asados, para platos típicos, que al venderlos dejaron fondos para hacer realidad “Amor de don Perimplín y Belisa en su jardín”, que llegó a la tarima.

Desde entonces, La Guarida se abre a las artes, a todas las artes. Sólo un requisito a cumplir quienes acuden al escenario; presentar la obra en función de la casa. Es la casa que se conjuga con la historia contada desde el teatro, la danza, la música, la propuesta performática. “Que haya calidad en sonido, luces”, eso es lo que exigimos, dice.

Pero dentro de esa “guarida” se esconden otros proyectos ya no tan físicos ni arquitectónicos; más bien son multimediales. Andrés desafía al alcance mediático y a través de La Guarida Sesiones forma su imagen en la redes sociales, Youtube especialmente. ¿Cómo? Con música, bandas que se adueñan del ambiente de refugio para hacer videos y subirlos a las plataformas digitales, allíestán los seguidores, los públicos de as nuevas generaciones.

Guarida para todos, para los que aman u no el arte. Para los que se aman y no la arquitectura patrimonial, para lo que quieran hacer arte. Andrés solo se encarga en abrir las puertas. (BSG)