Bici-Cuenca

Marco Antonio Piedra Aguilera

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Es cierto, hemos sido espectadores de lo que ha sucedido con las calles de nuestra ciudad. En los últimos años, cada vez nos vemos con espacios más reducidos para movilidad con vehículos puesto que las construcciones de ciclo vías, aceras más amplias y mecanismos de transportación colectiva masiva.

Todo cambio trae consigo incomodidades por la ruptura de la zona de confort en la que nos hemos visto envueltos por muchos años. Es posible que ya no podamos circular tan ágilmente en vehículo como lo hacíamos tiempo atrás, probablemente ya no podamos estacionar nuestro automóvil en alguna calle de la ciudad, sea por motivos laborales o porque tenemos nuestra vivienda en dicho lugar. A lo mejor nos veamos obligados a buscar nuevos medios de transporte unipersonales, o a utilizar algún sistema de movilidad pública. Dentro de todo esto, lo único seguro es que en el mediano plazo, todos nos veremos inmersos por obligación a modificar nuestras preferencias de movilidad.

Los cambios de hábitos suelen ser duros de conseguir. De hecho, se puede sentir el malestar de ciertos grupos por lo que sucede con nuestras calles. No obstante, toda mejora requiere la ruptura de costumbres y hábitos. Aún se recuerda que años atrás, tuvimos quejas fuertes por construir una avenida enorme como la Huayna Capac, o la avenida de las Américas, la reducción de calles del centro histórico, o la construcción de algún parque recreativo.

Es cierto, nuestra ciudad tiene condiciones geográficas particulares, el clima no siempre es favorable para la utilización de una moto o bicicleta, sin embargo, debemos también tener presente que existen ciudades con topografías mucho más variantes que las nuestras, poblados en los cuales se tienen lluvias casi el 75% del año y se movilizan sin ningún inconveniente en estos métodos de transporte.

Si la vestimenta no acompaña el vehículo podemos llevar zapatos en una mochila, si la utilización de un casco nos despeina, podríamos aceptar el peinarnos en las oficinas, si el inconveniente son las lluvias, podríamos probar comprándonos un buen impermeable, mas sin embargo el problema es la cultura, pues deberíamos cuestionarnos profundamente que usanzas tenemos arraigadas y cuanto estas influyen en nuestro actuar.

Podrán existir ordenanzas, compromisos de grupos sociales, políticas macro o incentivos barriales, sin embargo nada cambiará si es que nosotros no adoptamos una nueva actitud frente a nuestra comodidad de movilización. Somos los únicos responsables de que la ciudad encuentre nuevas formas de transportación, aquellas que, aparte del impacto de minimización del caos vehiculas, nos permiten ahorros al bolsillo, mejoran increíblemente nuestra salud y contribuyen para bajar la contaminación ambiental. Rompamos las viejas costumbres y aceptemos que las sociedades evolucionan, en ocasiones sacándonos a empujones de nuestra zona de confort. (O)