Tanquetas y patrulleros en las calles de San Lorenzo

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Las balizas policiales advierten a los habitantes del barrio Luis Cevallos, en la lastrada calle Esmeraldas, que se aproximan las rondas de control. A las 22:15 salieron doce vehículos, entre carros y motos, del Distrito de Vigilancia de la Policía, cuya parte posterior mantiene las huellas del atentado con coche bomba del 27 de enero pasado.

Hace seis días se dispuso el toque de queda, tras muertes y explosiones, además del secuestro de tres comunicadores, en la zona de la frontera, pero el viernes desde puertas y ventanas se dejaban ver tímidos rostros al escuchar las sirenas.

“Más que curiosidad es preocupación”, decían un hombre y una mujer en el pueblo donde se habla con franqueza del temor con el que conviven, pero se evita dar nombres o se pide mantenerlos en reserva.

Las calles de San Lorenzo quedan desoladas desde las 22:00 hasta las 05:00 del día siguiente, en que está prohibida la libre circulación. Los vehículos policiales aparecen constantemente por el malecón, avenidas Esmeraldas, Imbabura, Camilo Ponce, Sucre, José Garcés y por barrios donde la noche del viernes desarticularon, en portales de tres casas distintas, reuniones donde familias y amigos escuchaban música o bebían algo, restando importancia a los supuestos peligros e ignorando la intensa lluvia que duró hasta el amanecer de ayer.

Bajo protesta los habitantes que se negaban a dejar de lado su diversión accedieron a ingresar a sus viviendas, luego de que los uniformados explicaron lo que implica el estado de excepción que rige desde el 27 de enero, sumado al toque de queda vigente desde el 26 de marzo pasado.

La vigilancia no es exclusiva de la noche y madrugada, pero sí es más evidente porque el silencio del descanso se rompe con el sonar de las sirenas y las luces de las balizas.

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El miedo de los que sí están dentro de sus residencias, la mayoría modestas casas de una planta en el barrio Luis Cevallos, hace inevitable lanzar una mirada para asegurarse de que se trata solo de una ronda de control. Las Fuerzas Armadas también cumplen tareas en esta zona. Más temprano, a las 19:23, aparecieron por la avenida Camilo Ponce tres tanquetas con su respectivo personal armado. También recorrieron la avenida Padre Lino Campesano ante la mirada de quienes acudían a negocios de la zona.

A diferencia de las sirenas en la noche y madrugada, la presencia de las tanquetas no parecía alterar a los pobladores. Es que pasan a diario desde esta semana, afirmó una de las dependientas de El Chuletón, un restaurante de asados que estaba copado de clientes.

Camionetas con militares armados a bordo recorren en la mañana y tarde el cantón. El ingreso a Mataje está restringido. “Solo pueden pasar quienes residen ahí”, explica un miembro del Grupo Especial Móvil Antinarcóticos (GEMA), a 15 kilómetros del Destacamento Naval de Mataje, al que solo se accede con autorización, que la tarde del viernes fue negada al equipo de este Diario.

Ese día eran visibles en el control 24 uniformados pertenecientes al Grupo de Intervención y Rescate (GIR), Grupo de Operaciones Especiales (GOE) y GEMA, pero hay mucho más personal trabajando silenciosamente en la vigilancia y control de la zona poblada y no poblada, revelan.

En dicho punto, que se adelantó 15 kilómetros al control regular que hasta hace una semana se hacía en el Destacamento Naval, los turnos son de seis horas.

La fe está intacta pese al ambiente tensionado

Aún no cae la noche y en la iglesia de San Lorenzo el Viernes Santo la imagen de Jesús crucificado yace al pie del altar. No hay más imágenes expuestas y menos de una decena de creyentes ora en silencio en bancas que esperan la llegada de más fieles en el velatorio del hijo de Dios que este año terminó antes de las 22:00 por el toque de queda.

La parroquia católica de este cantón fronterizo tampoco pudo desarrollar el viacrucis, por las calles, por los lugares donde hay más violencia, donde más se necesita oración, dice el párroco Félix Cabascango.

Con tres años en San Lorenzo, el padre reflexiona en que por prudencia, seguridad y porque se debe ser buenos cristianos y buenos ciudadanos hay que entender los motivos por los que la procesión no se efectuó: no exponer a la comunidad.

En la parroquia exhibe un comunicado del Centro de Cordinación Estratégica Integrado entre las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional en el que solicitan al sacerdote compartir y recomendar el cumplimiento de las restricciones derivadas del estado de excepción y toque de queda, este último en vigencia desde el 26 de marzo.

El padre Cabascango habla de la preocupación de sus feligreses por la violencia en el cantón. Tres jóvenes del grupo de ayuda América Misionera lamentan que allí esté desapareciendo el turismo y que se lo vea como un lugar de riesgo.

Fuente: El Universo