La situación del IESS

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En días pasados, el Secretario Nacional de Gestión Política del Gobierno señaló que el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, estaba quebrado y que por eso no se había reconocido -durante el gobierno de Correa- la deuda que el estado mantiene con la seguridad social. El nuevo Presidente del IESS, ante esas afirmaciones, salió a aclarar que la situación institucional era compleja pero que no es correcto hablar de quiebra. Finalmente, Carvajal acaba de decir que utilizó un lenguaje coloquial al hablar de quiebra. Más allá del uso del inapropiado del lenguaje que haya hecho Miguel Carvajal, sus palabras traducen algo que todos sabían: la muy mala situación económica del IESS.

El IESS ha sido tradicionalmente manejado con criterios políticos partidistas antes que técnicos a lo largo de su historia. Si bien existen excepciones, para nadie es un secreto que los fondos de los afiliados han servido frecuentemente para saciar las necesidades de buena parte de los gobiernos de turno. A ello obedece esa vieja frase de que el IESS fue visto generalmente como una caja chica de los gobiernos. Pocos son los gobernantes que tuvieron plena conciencia de que los recursos de la seguridad social son recursos que pertenecen a los afiliados que han aportado durante toda su vida.

Hay etapas en que ese manejo partidista tuvo extremos inaceptables como ocurrió en el gobierno de Correa. Las autoridades por él puestas en el IESS se prestaron inclusive para decir que no había deuda del estado al IESS y para respaldar el que ese régimen haya dejado de aportar con lo que le correspondía a la seguridad social. Hoy recién y en buena hora el Gobierno actual acaba de reconocer esa deuda y a partir del presupuesto del 2019 el estado deberá aportar nuevamente. Sin embargo, el mal está ya hecho. A la serie interminable de actos de corrupción que el país descubre casi diariamente hay que agregar la casi quiebra de la seguridad social. Alguien tiene que responder por ese crimen contra la seguridad social.