Todo lo que se come…

Simón Valdivieso Vintimilla

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Todo lo que se come sin necesidad, se roba al estómago de los pobres. Esta sentencia nacida del humanismo puro de Mahatma Gandhi es la que nos lleva a escribir sobre la realidad de nuestro país, puesto que estamos descubriendo todas las semanas actos atroces de corrupción administrativa que evidencia el robo de los dineros del pueblo ecuatoriano, al que se le ha sometido a vivir en la miseria y la ignorancia por supuesto.

Y claro, el “Desquiciado del Ático”  indicó en algún momento en defensa de los actos de cohecho que se habían dado por parte de la empresa que destapó la olla de grillos, que sacudió América toda,  que eso no implicaba atacar las arcas fiscales puesto que el dinero que se habría recibido era de la empresa, burlándose de nuestra inteligencia, toda vez que a mayor precio mayor dádiva, y el valor del contrato se lo paga con dinero nuestro, que es producto de los impuestos que pagamos, en  parte,  y que implica sacrificio de quienes contribuimos para engordar al estado y que unos “sapos de la Grecia”, dice la abuela de la casa, abusen de la confianza dada.

Con tanto ingreso en la Década perdida” el Ecuador debía estar asfaltado del Carchi al Macará sonríe la abuela de la casa, los caminos vecinales ya no serían de lastre, y se habría dado mucho trabajo a los ecuatorianos y reactivado  el sistema productivo, amén de los impuestos que se hubiesen recaudado, pero eso es pedir peras al olmo, comenta la abuela de la casa. No hay conciencia social y vivimos la muerte de la solidaridad como principio.

Napoleón Bonaparte, había dicho, hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo. Y la abuela de la casa parafraseando al emperador dice,  hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: la dignidad. Y esos casos son los que abundan en nuestra patria adolorida pero que lastimosamente no están o caen en las redes de la justicia ecuatoriana,  porque al parecer el sistema de justicia está o estaba diseñado para la persecución política y al servicio de un ciudadano que concentró todos los poderes. Cuando roban el dinero del pueblo atacan la dignidad del pueblo sin lugar a dudas y claro el sistema es selectivo.

No somos amigos de la cárcel porque sabemos que el sistema penitenciario en el Ecuador genera la subcultura de la cárcel y la rehabilitación social es un cuento chino, sonríe la abuela de la casa. Y es que ninguno de los sentenciados por los actos de corrupción cumplirá con la sentencia dictada, esto es con la reparación integral, porque cierto es, que lagarto que come no vomita. Ergo, proceso tras proceso, sentencia tras sentencia, pero el ladrón de la dignidad saldrá de la cárcel, orondo a disfrutar de lo robado y viéndonos la cara de pendejos, insiste la impertinente abuela de la casa.

Pensando en vos alta creemos que la cárcel no cura el mal que estos delincuentes de cuello blanco o almidonado causaron al pueblo ecuatoriano, porque más suena a venganza. Y aprovechamiento político. Lo esencial es que el Estado debe buscar el mecanismo legal para que esa gente devuelva lo robado, ora a título de gratificación,  ora por el asalto a las arcas fiscales. Ya veremos en poco tiempo que los prófugos pedirán la prescripción en unos casos, y los que están bajo llave, a medias, como el que sabemos que tiene aún guardaespaldas, saldrán como víctimas a disfrutar del pecado. Devuelvan el dinero para las obras que se dejaron de hacer. Todo lo que se come sin necesidad, se roba al estómago de los pobres. (O)