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Los dulces de Azogues, una tradición que perdura por generaciones

Cuando visite Azogues, acuda al recinto ferial, que a parte de ofrecer delicias en platos tradicionales, también ofrecen exquisitos dulces que es imposible desistir a saborearlos.

De paso por Azogues, en el ingreso al recinto ferial Polibio Romero Sacoto, al concluir las gradas de acceso, en el pasillo que distribuye a los stands o puestos de venta de diversos negocios, se escucha un coro de voces risueñas de un grupo de mujeres que llaman la atención expresando: …“vaya llevando los ricos dulces, venga vaya ayudando”, son las mujeres que comercializan los deliciosos dulces, que desde hace varios años atrás venden sus producto, todas agrupadas y solidarias como una verdadera familia.

Colocados en fundas transparentes y en grandes canastas de zuro, haciendo contraste entre el color vivo de la exquisitez y el gris envejecido de sus recipientes, se exhiben los deliciosos dulces de colores, un bocado especial que deleita a más de un transeúnte que recorre por el sitio, en donde su propietarias comercializan y es imposible resistirse a probarlos.

Como todo oficio que pasa de generación en generación, los tradicionales dulces que vende este grupo de mujeres de Azogues y Cuenca, en el recinto ferial, en la capital de la provincia del Cañar, son el bocado especial para grandes y chicos, que al paso adquieren una funda, ya sea para espantar el hambre o simplemente por el gusto de satisfacer su paladar, pues estos dulces tienen un sabor especial, debido a la combinación de una variedad de decoraciones de colores.

Doña Mercedes Asitimbay Patiño, oriunda de Guarangos Grande, de la parroquia San Miguel de Porotos de Azogues, viene elaborando desde hace 15 años una variedad de dulces, nos cuenta que elabora dulces como los yoyos con coco, yoyos rojos, caracoles con chocolate, caracoles rojos, roscas, chivitos, delicados, cortados con máchica, cortados rosados, keyes y pan mestizo.

Narra que este arte de preparar y fabricar los dulces, lo aprendió de su esposo Segundo Virgilio González, que heredó de sus padres y que esta tradición viene desde los tatarabuelos.

El tiempo de la comerciante transcurre entre la venta en el recinto ferial, y las tertulias de algunas anécdotas o temas de la vida cotidiana con sus compañeras, que sentadas frente a sus grandes canastos llaman a la gente. “Vendo las mañanas y en la tarde voy a trabajar, desde las 2 de la tarde hasta las 10 de la noche sacamos los dulces para vender el diario”, explica

Para elaborar los delicioso bocaditos, se utiliza harina, leche, margarina, azúcar, esencias, ingredientes de colores, huevos. Cada funda con 10 dulces cuesta 1 dólar.
Comenta que con este oficio ha educado a sus 5 hijos, además ellos le ayudan, pese a que es un esfuerzo batir con las manos y es cansado hacer, pero es una fuente de ingresos, de la cual todos en el hogar nos beneficiamos”.

A parte de Azogues, venden los dulces en Biblián y Déleg, otros salen a las ferias en Cañar y hacia otros lugares donde haya la oportunidad, especialmente en los feriados o festivos.

Los clientes que más consumen los dulces son del sector rural, que al paso compran entre 2 a 4 fundas de dulces y pan.

Estos productos hace algunos años atrás, se elaboraba en horno de leña, pero como la tecnología ha ido avanzando y por ahorro de tiempo, hoy se utiliza un horno industrial.

Estos tradicionales bocaditos, desde hace varios años, ha sido un oficio realizado por varias familias de la parroquia San Miguel, que durante los feriados levantaban sus tradicionales carpas, hechas con un tronco y un techo tipo paraguas de plástico.
Hace muchos años atrás, era común ver a un Azogues pintoresco, con las carpas de colores que se levantaban en las ferias de fin de semana o de los miércoles. Una fila de comerciantes se ubicaban al pie del Santuario de San Francisco, en la antigua plaza de ganado, donde hoy se construye el nuevo mercado y en la antigua terminal terrestre, hoy terminal de buses interparroquiales.

Martha Ortiz, oriunda de San Miguel, también comercializa estos dulces, ella conserva esta tradición que aprendió de su madre, que trabajaba en horno de leña, que es una herencia que ha pasado de generación en generación.

“Yo trabajo el jueves y viernes todo el día, inicio a los 8 de la mañana y termino hasta las 6 de la tarde, elaboro unos 1.000 dulces y panes. El jueves madrugo, voy a misa y luego me pongo a elaborar los dulces, y el viernes madrugo y hago el pan, sólo vendo el sábado, porque entre semana me ocupo de mis niños”.

Entre sus productos constan, en una funda 8 panes mestizos, un mestizo grande, 8 dulces en una funda, todo esto valorado en un dólar.
Los mestizos grandes llaman la atención por su forma y tamaño, las familias tradicionales generalmente compran este pan, para consumir con un delicioso chocolate en la intimidad de su hogar, en el tradicional café o chocolate de las 3 de la tarde, una costumbre típica que se viene manteniendo por las familias especialmente de los cantones Cañar, El Tambo, Biblián y Azogues.

Doña Martha, al igual que las demás comerciantes, manifiesta que el oficio a más de haber aprendido por herencia de sus padres, lo inició por necesidad económica desde que se hizo de compromiso, cuya finalidad fue sacar adelante a su familia, obteniendo buenos resultados en sus ventas.
Por eso invita a la ciudadanía, que cuando visite Azogues, consuma sus dulces que tienen variedad, entre estos de sal y dulce y para todos los gustos, delicias que venden a la entrada del recinto ferial.

La atención que dan a los clientes es siempre positiva, entre bromas y sonrisas las mujeres de los dulces, llaman a sus clientes que pasan por el lugar. “Nosotras atendemos con una sonrisa, a veces les damos una aprobada, les ofrecemos un dulce y ellos nos compran, siempre hacen un gasto de 2 a 3 dólares, nosotras amablemente les ofrecemos nuestro producto y damos la yapa a los clientes para que vuelvan, es que así debe ser, sino no regresan”, dice la comerciante.

Desde Cuenca

Paola Mogrovejo, comerciante de la ciudad de Cuenca, también tiene su puesto junto a las demás mujeres, ella vive en la calle Remigio Tamariz, y menciona que en Azogues hizo su lugar de trabajo desde hace varios años.
Manifiesta que los dulces que más vende son los delicados, pues estos son más apetecidos por los clientes, debido a su sabor especial.

Un aproximado de 8 mujeres oriundas de Azogues y Cuenca, venden los dulces en este sector del recinto ferial. Mientras hacíamos nuestra parada para conversar con las vendedores y conocer su testimonios, observamos que los niños tomados de las manos de sus abuelos, provenientes del sector rural son los fieles clientes, ellos escogen los dulces que más les gusta, enseguida que toman la funda, abren y se deleitan del sabor, mientras sus abuelos pagan y se demoran un momento en un breve diálogo con las vendedoras. (I)

Por: Martha Calle Padilla

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