El quinto… gula                          

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[Claudio Malo González]

En la escuela nos obligaban a aprender de memoria el catecismo y al dar las lecciones demostrar que se sabía “al agüita”. Recuerdo que en la lista de los pecados capitales el quinto era gula. Todo ser vivo, para continuar existiendo, debe comer; para los humanos se añade el placer del paladar por los cambios que se hacen en la preparación de alimentos y platos, cuya sofisticación ha hecho que, en nuestros días, chefs de renombre disputen la celebridad con cantantes y futbolistas. Algunos potajes están vinculados a celebraciones y la fanesca, en nuestro medio, contradice el sufrimiento y penitencia de la semana santa.
Algunos componentes son los protagonistas estrellas de algunos platos como el pavo en navidad; el mote con puerco del motepata, en carnaval. En la fanesca no hay preferencias, son todos los granos de cuya mezcla emana delicias enriquecidas con el bacalao seco para hacer homenaje a la abstinencia de esta conmemoración que prohibía la carne. Hace unas décadas pescados y mariscos eran una rareza en nuestro medio pues, debido a la precariedad de las vías de comunicación, eran exclusivos de la costa. Para los sofisticados, el bacalao seco debía provenir de la lejana Noruega.
Cuál es la mejor receta y cómo se debe preparar, la discusión seguirá de por vida, hay consenso en que la más deliciosa es la que hace la abuela. Más allá de los sabores, en mi lejana niñez era una tarea familiar, los niños contribuíamos destirpando los granos y el ceremonial de la preparación era solemne. Comíamos los familiares incluidos tíos y primos y algún invitado especial y había que repetir el plato, no hacerlo habría sido descortés, si es que no injuriante, para la maestra de ceremonias. Cuando lo hacía pensaba que la gula no debe estar entre los pecados en este caso, o que la fanesca la desterraba como una excepción al ayuno que se alentaba esos días.
Por supuesto que hay que conservar esta tradición, pero también debemos modernizarnos. Podemos este año hacer una fanesca de granujas que tanto han proliferado en la década anterior y que, tardíamente, los estamos cosechando. No se trata de granos pequeños o especiales sino, según el DEL, de “Conjunto de pillos o pícaros; bribón, desvergonzado”. Los hay de todos los colores y olores; sabores no me atrevo a decir porque son nauseabundos. Su gula ha sido tal que se habla de miles de millones.
Desde luego hay que rendir homenaje al gran chef, mayor que el que se hizo a su principal pinche de cocina, el vice.  Así como la fanesca no discrimina granos, esta innovación no debe discriminar granujas, sino darles su debido sitial comenzando con el gran cocinero. (O)