Lesiones de la rodilla: ligamento cruzado anterior

3270

La rodilla es esencialmente una articulación en bisagra modificada, que se localiza donde la punta del fémur (hueso del muslo), se une con la parte superior de la tibia (espinilla). Cuatro ligamentos principales conectan estos dos huesos:
Ligamento colateral medial (LCM), que se extiende a lo largo de la parte interior de la rodilla y evita que ésta se doble hacia adentro.
Ligamento colateral lateral (LCL), que se extiende a lo largo de la parte exterior de la rodilla y evita que ésta se doble hacia afuera.
Ligamento cruzado anterior (LCA), que está en la parte media de la rodilla y evita que la tibia se deslice hacia afuera frente al fémur y brinda estabilidad rotacional a la rodilla.
Ligamento cruzado posterior (LCP), que trabaja junto con el LCA y evita que la tibia se deslice hacia atrás por debajo del fémur.

    El LCA y el LCP se cruzan dentro de la rodilla formando una “X”; es por esto que se los denomina ligamentos cruzados.
Las lesiones más comunes afectan a los ligamentos colaterales mediales y a los meniscos. Sin embargo, la severidad de las lesiones está en relación directa con los ligamentos cruzados, pudiendo además presentarse en los demás ligamentos roturas que van desde el Grado 1 hasta el 3, y son consideradas clínicamente roturas totales con diferentes grados de inestabilidad. Por la alta incidencia de presentación nos centraremos especialmente en las lesiones del ligamento cruzado anterior, el mismo que puede darse en cualquier actividad física competitiva y por sobre todo asociada estadísticamente refiriéndonos a la disciplina del futbol.
INTRODUCCIÓN
 La historia natural y el tratamiento de las lesiones del ligamento cruzado anterior de la rodilla (LCA) generan mucha controversia, porque en algunos individuos la articulación queda poco funcional después de una ruptura del LCA, mientras que en otros permanece relativamente asintomática y el paciente es capaz de retomar una actividad deportiva exigente.
La información disponible en la literatura y la experiencia pueden ayudar a definir, cuál va a ser el tratamiento y a seleccionar apropiadamente a los pacientes que responderán bien a una intervención quirúrgica.
En el pasado se trató conservadoramente a los pacientes con trauma de los tejidos blandos de la rodilla, pero ya se acepta, que las lesiones del LCA incrementan el riesgo de que la rodilla desarrolle osteoartritis prematura, y que su tratamiento adecuado es de suma importancia para el deportista que aspira a seguir compitiendo en el mismo nivel.
La reconstrucción artroscópica de LCA, ha demostrado en el tiempo mejores resultados que el tratamiento conservador, que ya ningún especialista lo considera de utilidad; y, es casi de rutina en deportistas de alto rendimiento y competitivos.
En la última década un mejor conocimiento de la biomecánica de la rodilla, un desarrollo importante en tecnología e instrumental y nuevas formas de rehabilitación han permitido a los deportistas de alto rendimiento volver a su práctica deportiva con mayor rapidez y a igual nivel de rendimiento que presentaban al momento de su lesión.
Así, hay varios factores que influyen en estos resultados como el avance experimentado en el conocimiento de las características biomecánicas de la rodilla y los elementos de fijación del injerto, cada vez más estables y seguros en el tiempo.
ANATOMÍA Y BIOMECÁNICA DEL L.C.A.
Los resultados de la reconstrucción quirúrgica del LCA han mejorado con el conocimiento detallado de su estructura y función. Los conceptos anatómicos y biomecánicos importantes del LCA normal son los siguientes. Cada fibra tiene un punto único de origen e inserción, las fibras no son paralelas ni tienen la misma longitud y las fibras no están bajo la misma tensión en ningún punto del movimiento.
Las dimensiones del LCA son las siguientes: 25–38 mm de longitud, 7–12 mm de anchura y 4–7 mm de grosor. El ligamento es más angosto en la porción proximal cerca del origen femoral y se ensancha cuando alcanza la inserción tibial.
En cuanto a su microestructura, el LCA está compuesto de fibras de colágeno de 150–250 nanómetros de diámetro que se entrelazan para formar una red compleja. Varias de estas fibras se unen para formar unidades subfasciculares de 100–250 micrómetros de diámetro, cada una de ellas rodeada por una banda delgada de tejido conectivo laxo, el endotendon.
Los subfascículos se unen para formar fascículos, rodeados por el epitendon. El ligamento está luego rodeado por el paratendon y la vaina sinovial. El LCA contiene estructuras neurales fusiformes consistentes en un solo axón rodeado por una cápsula fibrosa similar al órgano tendinoso de Golgi.
La irrigación del LCA proviene de las arterias genicular media (ramas ligamentosas y terminales) y geniculares inferior y lateral (ramas terminales); también del plexo sinovial.
En lo que a la biomecánica se refiere, el LCA es la primera restricción para el desplazamiento anterior de la tibia. Junto con el ligamento cruzado posterior (LCP), el LCA determina la combinación de deslizamiento y rodamiento entre la tibia y el fémur que caracteriza la cinemática de la rodilla normal. Por lo tanto, la deficiencia del LCA no solo produce episodios de inestabilidad sino también una alteración de la mecánica articular.
Cuando hay una lesión del LCA la tibia se puede subluxar anteriormente, con los signos clínicos correspondientes, pero también puede haber cambios sutiles de la función articular, por ejemplo en los desplazamientos en la localización del centro de rotación instantáneo. Se producen así fuerzas compresivas a través de la articulación que pueden explicar la enfermedad articular degenerativa acelerada que frecuentemente acompaña las lesiones de este ligamento.
MECANISMO DE LA LESIÓN

Las lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA) son cada vez más comunes y por lo general, se producen cuando se produce una rotación de la pierna mientras se aplica sobre ésta una fuerte presión hacia abajo.
Se pueden producir lesiones del ligamento cruciforme anterior (LCA), por ejemplo, cuando una persona que está corriendo se detiene rápidamente, para cambiar de dirección o gira sobre sus talones o extiende demasiado la articulación (aterrizaje con rodilla recta). Los aterrizajes de caídas tienen importancia por el riesgo de lesión que conllevan en determinados deportes. Dos tercios de las lesiones de ligamento cruzado anterior suceden durante las caídas, este hecho es particularmente importante en las mujeres, que tienen una disposición mayor a sufrir este tipo de lesión.
Si el ligamento cruzado anterior (LCA) está roto, la articulación de la rodilla puede volverse inestable y afectar la capacidad para realizar trabajos o actividades atléticas.
Las lesiones del LCA están frecuentemente asociadas con otras lesiones. El ejemplo clásico es cuando el LCA se desgarra al mismo tiempo que el LCM y que el menisco medial (uno de los cartílagos amortiguadores de la rodilla). Este tipo de lesión es más frecuente en los futbolistas, basquetbolistas y esquiadores.
FACTORES PREDISPONENTES DE LESION DEL L.C.A.
Se pueden diferenciar dos grandes grupos de factores:
FACTORES PREDISPONENTES DE LESION DEL L.C.A.
EXTRÍNSECOS
INTRÍNSECOS
Equipamiento
Calzado
Superficie de juego
Condiciones climáticas
Edad
Inexperiencia
Laxitud articular
Género femenino (menos niveles de estrógeno)
Fatiga muscular: menor propiocepción
Condición física (fuerza)
Factores genéticos y psicológicos
TRATAMIENTO: ARTROSCOPIA
La artroscopia es un procedimiento quirúrgico común en el cual una articulación (artro-) se visualiza (-scopia) usando una cámara pequeña. La artroscopia da a los médicos una visión clara del interior de la rodilla. Esto los ayuda a diagnosticar y tratar los problemas de rodilla.
Los avances técnicos han llevado a monitores de alta definición y a cámaras de alta resolución. Éstas y otras mejoras han transformado a la artroscopia, en una herramienta muy eficaz para tratar los problemas de rodilla. Según la Sociedad Ortopédica Americana para la Medicina del Deporte, más de 4 millones de artroscopias de rodilla se realizan en todo el mundo cada año.

RECUPERACIÓN
Se suele estimar el periodo de recuperación en unos 5 a 6 meses, pero este tiempo puede acortarse o alargarse, dependiendo de las características fisiológicas del sujeto, su implicación en la rehabilitación y la capacidad mental para hacer frente a esta lesión. (I)