Ir contra corriente

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[Roberto Vivar Reinoso]

Los ecuatorianos queremos alcanzar el progreso, pero tomamos decisiones contrarias al mismo. Es el caso de la reelección indefinida que la practican casi todos los países del primer mundo, así como varios que se encaminan a serlo. Comienzo con China. La semana pasada su parlamento anuló el límite de diez años presidenciales, abriéndole a Xi Jinping la posibilidad de perpetuarse en el poder. Al conocerlo el mandatario estadounidense, Donald Trump comentó: “me parece fabuloso; tal vez nosotros deberíamos intentarlo algún día”.
Angela Merkel va por dieciséis años frente al Ejecutivo alemán. Por haber consolidado en el corto lapso de setenta y cinco años, el liderazgo de esta nación sobre el viejo continente, se la apoda “la reina de Europa”. Algo similar sucede con Vladimir Putin en Rusia, pues decidió buscar un quinto mandato. Al italiano Silvio Berlusconi se le considera favorito para un tercer período presidencial. La Constitución francesa incluye la reelección indefinida, aunque sólo ha podido concretarla hasta el momento el general Charles De Gaulle, héroe de la segunda guerra mundial. Y Gran Bretaña lo hizo con Winston Churchill, genial estratega militar que dio el triunfo a los aliados en 1945. Repitió tres mandatos consecutivos la dama de hierro, Margaret Thatcher. Japón pese a contemplar legalmente tal posibilidad, sus gobernantes no han sido capaces de utilizarla.
En Latinoamérica, Brasil tiene a José Inacio Lula da Silva como favorito para acceder por tercera ocasión al “Palacio de Itamaraty”. Evo Morales en Bolivia busca un cuarto mandato, tras alcanzar un inédito 6,2 por ciento de crecimiento nacional respecto al PIB. Argentina tiene a Juan Domingo Perón como el único que ocupó la Casa Rosa durante un triple período; Cristina Fernández de Kirchner fracasó al intentar la misma hazaña. Democráticamente Chile permitió a Michelle Bachelet mantenerse en el poder por doce años. El nicaragüense Daniel Ortega está en su quinto mandato. Venezuela y Ecuador tuvieron durante una década a Hugo Chávez y Rafael Correa, respectivamente.
He aquí el panorama gubernamental que viven las democracias más avanzadas del universo, contrario al que aprobó el plebiscito nacional de febrero pasado.
Otro campo que considero retroceso ecuatoriano, es el aprovechamiento de las riquezas del subsuelo. Específicamente petróleo y minerales metálicos, cuya explotación fue limitada en las urnas, sin dar alternativas válidas. Desde tiempo atrás varias ciudades y regiones del país que rechazan el extractivismo, se decretaron “libres de minería a gran escala”. Si así pensara el orbe acabaría la civilización, al prescindir de estos elementos indispensables para la vida y sus adelantos. Distinto hubiese sido exigir tecnología de punta y respeto hacia la naturaleza.
Un tercer tema recurrente durante estos tiempos constituye la queja generalizada por la excesiva carga tributaria, al igual que la evasión de estas obligaciones. Según la CEPAL, Ecuador tiene porcentajes más bajos que la mayoría del continente, ni digamos respecto a los anglosajones, europeos y asiáticos. Sin tomar en cuenta inclusive la cantidad de subsidios, exenciones, bonos, servicios gratuitos y otros beneficios sociales. (O)