Quinto poder

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La división de poderes es esencial a la democracia, no simplemente como teoría o planteamiento ideal, sino como práctica real. La autonomía e independencia son su razón de ser, lo que requiere madurez suficiente y espíritu democrático de quienes ejercen el gobierno. Los poderes tradicionales son tres: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Con el tiempo añadió un cuarto, el electoral ya que, siendo los pronunciamientos ciudadanos en las urnas el fundamento de este sistema, su imparcialidad e independencia deben ser a toda prueba para evitar maniobras y manipulaciones de los que gobiernan directa o indirectamente. En nuestro país, en la constitución de Montecristi, se creó un quinto con el propósito de optimizar los sistemas de control que, de una manera u otra, fiscalizan las gestiones del Estado.
¿Es realmente necesario este quinto poder? Mucho pueden discutir los ciudadanos y los conocedores de ciencias políticas, en la práctica, las bondades que se espera generen según la intención de sus creadores y las falencias o defectos aparecen en el funcionamiento de las instituciones pertinentes. Este poder es una creación del correato y luego de una década sus resultados han sido cuestionables, con generosidad o desastrosos con sentido crítico. La gran mayoría de ciudadanos en la última consulta popular ha manifestado su inconformidad con la manera como ha operado y se pronuncia, para empezar, con el cambio de sus integrantes.
Nadie discute que en la conformación de los poderes ejecutivo y legislativo es la ciudadanía, mediante procesos electorales la encargada de escoger a sus principales integrantes. En el caso del judicial, considerando las condiciones especiales que deben tener los jueces, se los designa por otro sistema. Si hablamos de este quinto poder ¿Deben los que lo integran acceder mediante elecciones o por mecanismos similares al judicial? No es fácil dar una respuesta. En gran medida el éxito de instituciones públicas depende de cómo se las maneje. En el caso que comentamos, su mentor durante de su gobierno lo convirtió en un instrumento para poner en práctica sus apetitos dictatoriales como sucede con el control de los medios de comunicación.