36 poemas inspirados en los ríos

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El escritor catalán presenta su obra que recoge esas vivencias tan de él durante su permanencia en Cuenca. PSR

“Palabra De Río” es como la palabra de honor, como la palabra que vale más que mil firmas, es la palabra que fluye de manera transparente, verdadera. “Mucho tiempo tomó bautizar con su título definitivo este poemario escrito por el catalán Andrés de Müller, pues existían alternativas muy sugerentes con relación al poder magnético del agua”.

Treinta y seis poemas conforman el libro que se presenta hoy, a las 19:00, en el Museo de la Ciudad. La propuesta forma parte de las publicaciones que impulsa la Dirección de Cultura del Municipio, con Francisco Abril a la cabeza.

Ana Cecilia Blum, en el prólogo de la obra dice al principio: “He visto crecer Palabra de Río de Andrés de Müller. He visto su caudal agrandarse, su flujo elevarse, su fragor hacerse el paso más elocuente…” .

Andrés por su parte dice que, este libro es fruto de la casualidad, es como una parte de la sanación, de la terapia médica que le prescribió el caminar por las orilla de un río. “Lo que empezó como un caminar por esas orillas se convirtió en un hábito”, añade Andrés, para quien los ríos de la ciudad tienen algo mágico y de allí el título de su obra.

El poema catorce del poemario, el de la página 35, dice en sus primeros versos: “Palabras líquidas salen en tromba de tu garganta/ ensortijadas en el verbo de la espuma/ y en las virutas de nombres/ huérfanos de abecedario…”. Cada una de esas palabras resultan de toda esa inspiración para recoger aquello que el río traía, porque la corriente traía palabras esas que de una en una Andrés las recogió. Pero no sólo traía palabras, con ellas llegaba la paz interior.

El mito y el agua
La obra del autor catalán es profunda. El río no está como ese hilo acuoso que va y no vuelve; va más allá, a veces se adentra en uno de esos principios de los pueblos andinos, para quienes el agua es sagrada, tiene una sacralidad que se percibe; pero también se va a lo mitológico, allí se siente al río Leteo, que es el río del olvido en las palabras de Platón y su obra La República. “Para mí, los de Cuenca más que ríos del olvido, son del recordatorio, de recordar lo esencial como la paz y la fortaleza”.

Son las aguas, las orillas, el sonido, el color del Yanuncay las que cautivan a Andrés; sí, en presente, le cautivan. El Yanuncay es un río de aguas negras, que se conserva de manera más agreste. Caminar por sus orillas es verse custodiado por esos eucaliptos gigantes. El Yanucay es de esos ríos que todos los días tienen un humor diferente.

Ningún día el río es el mismo. Heráclito viene entonces a la mente del autor, porque Heráclito dijo: ningún hombre o ninguna mujer puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni la persona ni el agua es la misma. Visitar el río entre un día y otro es diferente, el humor de hoy no es el mismo de ayer, de anteayer; hay sol, hubo lluvia, hay humedad, son tantas las razones que dejan notar la variedad incluso en el murmullo del río. Entonces “Palabra de Río” no es casualidad, la corriente tiene voz y de ahí viene el nombre del poemario.

El poema cinco, el de la página 22 se titula “Lavandera” (a las lavanderas del río Yanuncay). Los versos dedicadas a ellas dicen entre otras cosas: “Lavandera prodigiosa que resucitas/ la limpieza de las prendas/ con el auge de tu mano: ¿cuál es tu secreto?/ ¿a qué tanto empeño/ si sabes mejor que nadie/ que la suciedad aborta/ el parto inmaculado de las cosas/ entre orines y hollín?…” la lavandera histórica, legendaria, no podía quedar fuera de estas palabras.

Es el río el que trae la voz de las montañas, es el río que que pide a gritos el cuidar la naturaleza. “El río tiene palabra, ojalá las personas y especialmente quienes tienen responsabilidad tengan palabra para preservar esto. (BSG)-(I).