Cuidar la privacidad

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[Roberto Vivar Reinoso]

El último escándalo al revelarse las conversaciones tomadas de las redes sociales, entre el presidente de la Asamblea Nacional, José Serrano y el excontralor general del Estado, Carlos Pólit, prófugo de la justicia en Estados Unidos, al margen de las investigaciones que podrían desembocar en procesos judiciales, reviven la necesidad de cuidar la privacidad, no solamente entre quienes se vuelven personajes públicos, sino el ciudadano común. Esto exige obrar con la mayor discreción posible, incluyendo dentro el entorno cercano y familiar. Con mayor razón ahora que el mundo virtual sirve para cualquier propósito, casi siempre amparado por el anonimato.
Peligro que puede provenir inclusive del comportamiento individual, pues buscando agradar, sobresalir, ser tomados en cuenta o simplemente comunicar, lanzamos al aire actividades que pueden ser aprovechadas por los demás para perjudicarnos.

Por eso la intensa utilización de aplicaciones electrónicas, como las computadoras y el teléfono celular. Aquí supuestamente deberíamos almacenar situaciones revelables determinado momento. No es así sin embargo. Casi siempre constan datos íntimos, exclusivamente personales que revelan vivencias nada ejemplares e incriminatorias. De ahí que las indagaciones judiciales especialmente los decomisan en pro o contra de los implicados. Y aunque las cosas no lleguen hasta aquí, late el peligro de ser jaqueados, burlando controles y bloqueos implementados.

“A palabra suelta, no hay vuelta” afirma la sabiduría popular. Cierto. Porque se torna difícil recobrar el prestigio e inclusive la honra mancillada, aunque los perjudicados logren comprobar su inocencia, o reiteren que las declaraciones y actividades reveladas, fueron sacadas de contexto, tergiversadas, mal interpretadas, distorcionadas. Hay consecuencias más graves aún, como sucedió con la afirmación del escritor ambateño, Juan Montalvo, tras el asesinato de su enemigo político, Gabriel García Moreno: “mi pluma lo mató”.
Descubrir los intríngulis ocultos que perjudican a la comunidad y darles a luz, constituye labor primordial de la prensa, pero ciñéndose siempre a fuentes confiables que respalden la responsabilidad ulterior. Eso es libertad de expresión. Aquí radican las bases sobre las cuales se alza la ley de comunicación. Y como a los mentirosos y calumniadores hay que sancionarles, resulta indispensable la existencia de un organismo encargado de esta labor.

Pues bien. Si el peligro de que la intimidad sea violada constituye amenaza universal, el nivel sube para los políticos. Porque la importancia de sus decisiones les expone a ello. Basta comprobar la preminencia de estos temas en el quehacer noticioso diario. Realidad convertida en obstáculo para que la juventud especialmente opte por dicha carrera, según encuestas realizadas entre estudiantes universitarios.
Es el mundo pendular donde con mayor facilidad se pasa de héroes a villanos y viceversa. Como sucede desde mayo pasado en Ecuador, que se cuestiona todo lo hecho por el anterior gobierno. No sólo desde la oposición sino muchos que integraron sus filias y triunfaron con ellas. Está bien la fiscalización, pero no debe convertirse en cacería de brujas, movida por el prurito de exaltar su figura sobre los escombros de los adversarios. (O)