Sebastián

461

[María Eugenia Moscoso C.]

“Recuerde el alma dormida / avive el seso y despierte / contemplando /
cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando…”
(Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre)

La vida y la muerte van estrechamente, de la mano, sin embargo, la búsqueda atraviesa el destino del ser humano. ¡Sebastián Toral Arízaga fue un buscador permanente! Su brújula estuvo orientada hacia panoramas diversos y en constante movimiento. De espíritu inquieto como de ambiciosa trayectoria, desde pequeño colocó muy en alto su mirada y logró sus primeros intentos en el campo del periodismo y de la crónica radial, para más tarde, ser un asiduo en la pantalla chica y cuya dimensión gerencial la acompañó hasta sus días postreros.

Formado por sus maestros en el campo del Derecho, sus aptitudes lo llevaron a ser Secretario del Congreso Nacional, escenario que lo vinculó a la acción política. El universo diplomático también le permitió un primer capítulo, desarrollado en los países flamencos y anteriormente una exploración por la vasta cultura italiana y por su lengua. ¡Cuántas experiencias que han dejado huellas imborrables en la trayectoria de Sebastián, amén de su carismática personalidad y su extraordinario don de gentes, que le procuraron centenares de amigos!
Sus pequeños hijos, Nicolás y Francisco, aprehendieron en su día postrero, el enorme aprecio que Cuenca y los cuencanos, tributaron a su progenitor, confundido entre oraciones, cantos y flores y sollozos, como la mejor despedida a un amigo de verdad. (O)