Visión de la Arqueología y la investigación en la temporalidad

1882

Una de las obras de Hugo Burgos se titula “Santuarios del Tomebamba”, en ella, en uno de sus capítulos aborda el tema de la arqueología y el apoyo en esta rama que tiene como objetivo de ubicar a los investigadores en la temporalidad.

Es la temporalidad de las obras culturales del pasado remoto, con no más testimonios que restos materiales, ya sean líticos, hechos en piedra; cerámicos, con variedad de piezas, óseas, y entre estos materiales no se obvia el uso que hicieron del metal.

Hugo Burgos en este estudio que aborda la arqueología como elemento de apoyo, en la temporalidad, dice que, se acude a estos testimonios de modo que la perspectiva prehistórica permita conjeturar con acierto sobre el medio natural y observar lo que fue modificado por la cultura del hombre.

Este estudio, y a decir del autor, ayuda a determinar las transformaciones sufridas en sus técnicas e ideas, como parte de un período arcaico, llamado formativo de los andes. El requisito entonces para entender todo este postulado es que haya un contexto en el sitio, y que tales materiales (hueso, cerámica, piedra, metal) se encuentran asociados a otros fenómenos, con los que puede obtenerse indicios del uso, la edad y la cronología posible de un dato potencial.

Se dice por parte de los estudiosos que, muy indirectamente se podría apreciar el enfoque religioso a través de asociaciones de artefactos aplicados a dicho medio, pero no siempre, porque las temporalidades son muy remotas y es necesario conocer la influencia mutua de otras civilizaciones con la estudiada.

En esta asociación, la arqueología conduce con buena luz hacia el conocimiento de la movilidad horizontal, las migraciones prehistóricas, el traslado de objetos y el intercambio de bienes exóticos, señalando así, las rutas por donde transitó dicho ser y llevó productos inapreciables y sagrados.

En la propuesta del libro, el autor acude al uso de una nueva tendencia denominada la “Arqueología Histórica”. Esta disciplina es el estudio de los restos materiales de sociedades pasadas, que también dejaron atrás alguna otra forma de evidencia histórica.

El campo de investigación de esta disciplina abarca los intereses de un grupo de estudiosos que representan, a las disciplinas de antropología, geografía y folclore. El enfoque global se ajusta en mayor medida a la última, la del folclore, que la consideran indispensable para obtener principios de la arqueología que dan luz al tema de estudio.

Redes fluviales del austro

El valle que forma el río Tomebamba es parte de un amplio complejo de redes fluviales, encañonadas en los Andes del Austro, pero toma un giro especial en las hoyas interandinas Cañar y Azuay, separadas por un macizo que proviene de la cordillera oriental denominado nudo de Buerán – Curiquingue.

Por cada cuenca mayor, tanto de Azuay como de Cañar, se conducen dos vertientes hidrográficas que son claves en la edificación del clima y de la cultura.

Por la de Tomebamba fluye hacia oriente el gran río Paute, acarreando corrientes de magnitud de toda el área; infiltrándose primero hacia el norte, el río Paute rompe la cordillera oriental, para dirigirse al este, formar el río Zamora y penetrar en la Amazonía.

En la hoya norteña, el río Cañar recorre hacia el noroeste, saliendo como río San Antonio desde la alta depresión del nudo del Azuay, para ir a desembocar en el Golfo del Guayas, con su propio nombre, Cañar, formando en su curso una micro región fluvial y agrícola de tipo tropical.

Y es que según los investigadores, ha sido el espacio geográfico del Paute, que la investigación arqueológica ha llegado a evidenciar restos de ocupaciones humanas tan antiguas que llegan a relacionarse con el Periodo Formativo tardío de la Sierra, esto es de 1.400 a 1.200 antes de Cristo, como aparece en el trabajo que hiciera Karen Olsen Bruhns, entre 1989 y 1998.

Las culturas
En este estudio se aprecia, a decir de los investigadores, y de inicio, como seda el establecimiento de aldeas permanentes y la aparición de la cerámica, no son pocos los arqueólogos que han contribuido a determinar el formativo de la Sierra austral del Ecuador, de la cual la gran depresión Azuay y Cañar, forma parte.

La cultura del periodo Formativo Tardío se desplazó con sus habitantes en las dos vertientes, una hacia las junglas amazónicas, y otras hacia la Costa o cuenca tropical del río Cañar. Culturas de las tierras altas como la cañari, sin duda, intercambiaron influencia cultural no solo del norte cercano, más que todo, de los trópicos colindantes.

Ello demostraba que una cerámica arcaica de forraje e incipientes culturas agrícolas tenían contacto continuo con las culturas más desarrolladas de la franja costera del pacífico, dando un carácter regional a las tempranas ocupaciones de la hoya.

La agricultura de altura fue evolucionando y permitió el establecimiento de aldeas permanentes y el aparecimiento de la cerámica. Para los especialistas es conocido, por ejemplo, que las primeras ocupaciones estuvieron en Cerro Narrío, Challuamabamba y tal vez Monjashuaico, y que las dos últimas fueron abandonadas hacia el año 400 antes de Cristo.

Esas eran épocas en las que Cerro Narrío y Pirincay presentaban cambios indicando una época de florecimiento cultural en la economía, la religión y los contactos externos.

Se dice, según los historiadores, que Pirincay fue abandonada en el primer siglo de la era cristiana, cuando sus habitantes se movieron hacia la cima de los cerros cercanos, de donde se deduce, podían vigilar las rutas que se desplazaban desde la Sierra a tierras bajas tropicales, y controlar así los accesos de la gente que podía venir del valle de Cañar o de más al sur.

La cerámica del formativo del Austro, según lo cita Burgos y que es el resultado de la investigación de Karen Olsen, ofrece dataciones bastante antiguas en las que verifica que Pirincay tiene como fecha los 1.400 años antes de cristo, cuya ocupación fue permanente hasta los primeros siglos de esta era.

El caso del Cerro Narrío

En el caso del cerro Narrío, vecino de la ciudad de Cañar, la antigüedad es similar, 1.500 antes de Cristo; sin embargo, con la visita de dos antropólogos Collier y Murray en 1941, vieron que en el sitio ya se había removido y saqueado desde 1912 por la acción del huaquerismo; en ese entonces vieron que la tierra estaba revuelta lo que no permitía asegurar resultados importantes.

En el mismo cerro Narrío, se dice que había otra ocupación que duró hasta bien entrada la era cristiana. De ello se dice que: “En los siglos finales de la prehistoria, se utilizó Cerro Narrío como un cementerio de la cultura Cashaloma, cuya cerámica probablemente representa la cultura material de los Cañaris históricos. A estos datos se deben añadir los sitios de Monjashuaico y Huancacucho, estudiados por Bennett que, a decir de esas investigaciones, parecen haber sido ocupados entre 1.500 a 400 años antes de Cristo.

Se añade además dentro de estos datos que, por ser espacios ubicados cera de las orillas de ríos propensos a inundaciones, es posible que tales asentamientos tuvieran que cambiar de lugar y entonces la interpretación ya se torna un poco más difícil.

De los registros arqueológicos organizados respecto al Formativo del Austro se extraen algunos principios que posibilitan entender mejor la historia de esta parte de lo que hoy es Ecuador. Primero, se dice que las culturas costeñas fueron más precoces en el desarrollo de la vida sedentaria, siendo que en Azuay y Cañar los períodos arcaicos parecen más prolongados.

Los sitios arqueológicos de esta parte de la Sierra han sido el resultado del crecimiento de la población costera y del desarrollo de sociedades complejas, en las que se destaca la cultura Chorrera, cuyas élites requerían materiales exóticos de otros lugares. Esto incentivó el desarrollo de las culturas del Austro.
Entre los materiales proveniente de la Chorrera, se encuentran pequeñas vasijas de cerámica moldeada y joyas de concha spondylus, madreperla y otras conchas.

Esta tesis llevó a Burgos, a la formación de otro principio que dice: “Todos los sitios del Formativo Tardío se encuentran ubicados estratégicamente para controlar el movimiento de la gente y el comercio entre la Costa, los valles de la Sierra y la selva.

Esto lo aplican con plenitud en lo que hoy es Azuay y Cañar, y además sirve dentro del estudio para ubicar los sitios en donde el hombre no podía obtener el control de las fuerzas naturales y tendría que recurrir al pensamiento sobre natural.

El resultado es que las relaciones de intercambio regularon en la prehistoria, el aparecimiento de otras formas interpretativas de su cosmología. (BSG) – (Intercultural) (Tomado del libro “Santuarios del Tomebamba: Modelo de Geografía Sagrada en tiempo de los Incas”, del autor Hugo Burgos Guevara)