“El largo camino del Taki Unkuy”, el libro de Adriana Rodríguez

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A finales de abril, Adriana Rodríguez, (PhD) en Derecho Internacional, presentó su libro “El largo camino del Taki Unkuy: Los derechos lingüísticos y culturales de los pueblos indígenas del Ecuador.

Adriana Rodríguez es autora de la obra en la cual, sienta su trabajo de estudios e investigaciones en temas relacionados con los derechos educativos, culturales y lingüísticos de los pueblos indígenas, tanto en la esfera nacional como internacional.

“Este libro es una propuesta cuestionadora y también emancipadora. Además, llena un gran vacío y reta a quienes buscan un mundo diverso, mejor y más justo”, decía en una parte del análisis ahecho por Danilo Ávila.

“El Largo camino del Taki Unkuy”, es un trabajo de profunda investigación sobre los movimientos sociales, el pensamiento crítico, el derecho relacionado y aplicado a los derechos lingüísticos, en el contexto histórico nacional y global, de nuestro país.

Esta obra de seis capítulos es un compendio en el cual se constata la existencia de una discriminación racial y lingüística y se propone proteger los saberes ancestrales, las lenguas, los territorios indígenas y su derecho a la autodeterminación desde una perspectiva crítica y comprometida con la diversidad social.

Antes de plasmarse en un libro, el tema fue abordado por Rodríguez, como la investigación previa a la obtención de su título de PhD, sin embargo y a decir de los críticos y entendidos en el tema, es un trabajo del cual se aprende a revalorizar lo que significa en la historia las luchas del movimiento indígena, en el país.

El libro que tiene como portada el letrero de la troncal de la serranía ecuatoriana, es decir de la distancia que se se debe recorrer en kilómetros, partiendo desde El Tambo y por la Panamericana Norte hasta llegar a Alausí, guarda una intención, y es la de metaforizar como es ese recorrer de un lugar a otro, dónde se acorta y se extienden los kilómetros, pero sobre todo, hay un punto de llegada, que demuestra no sólo del difícil del camino al reconocimiento de las lenguas, sino también lo difícil del recorrer y la llegada.

Si la portada ya es una especie de reflexión, el título es un indagar en algo más profundo. Para contextualizar lo que es el “ Taki Unkuy”, digamos que “taki” en la lengua kichwa significa “canto”; mientras “unkuy, o unguy” es enfermedad, por lo tanto el título tiene que ver con una enfermedad que se cura bailando, cantando.

El canto y el baile para sanar

Pero ese movimiento del baile y sonido del canto que hacían los kichwa hablantes tiene que ver con una resistencia, con la expresión de un movimiento indígena que tenía como finalidad rescatar el espacio de las wacas, para que la gente en vez de ir a la iglesia vaya hacia las wacas, en lugar de hablar español, hablen kichwa y en lugar de obedecer al español, obedezcan a las autoridades indígenas.

“Eso cuenta Adriana Rodríguez” en su libro, reafirmó en su análisis Danilo Ávila; y lo dijo así, porque según la revisión de la obra, la autora cita como esas expresiones se registraban en el siglo XVI, y se dieron también durante el gran movimiento de los años 90, a las puertas del siglo XXI
Con ello, la obra orienta a saber como durante los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, y XXI, ya en la era moderna, el movimiento indígena nunca dejó de resistir.

“El largo camino del Taki Unkuy”: Los derechos lingüísticos y culturales de los pueblos indígenas del Ecuador”, destaca con énfasis el manejo multidisciplinario de varios contextos. El libro se enfoca en una parte de la historia del Ecuador contada a través de las lenguas y el movimiento indígena.

Si algo caracteriza a la propuesta de Rodríguez son las múltiples deducciones que de allí se pueden hacer; entre ellas el encuentro a una reivindicación del pueblo indígena y una reivindicación de la lengua, “Cada vez que un indígena en este país habla en su idioma está resistiendo como lo hizo hace 500 años”, anota el analista.

La perspectiva de Adriana tiene dos miradas: una teórica y la perspectiva crítica. Las dos perspectivas salen desde el momento en el cual la autora se ubica en los espacios de los pueblos indígenas, desde donde mira a la realidad y a la historia.

Esa ubicación estratégica dentro de la investigación deja como resultado un libro que no sólo se ubica en una parte de la historia del pueblo indígena, sino se aproxima a un contexto global, recoge las voces de muchas personas que han estado resistiendo, se pone al rescate de los documentos, y así analiza, cómo las Asambleas Constituyentes trataron el tema indígena.

La discriminación y la reivindicación

Todo eso al final dejan en la investigadora dos elementos claros y claves: el encuentro con dos tipos de voces, aquellos que han tenido una mirada y perspectiva discriminadora, y aquellos que han tenido una mirada reivindicadora.

La propuesta publicada es una visión a esas voces que quedaron desde la era de la conquista, como la de Felipillo, el principal traductor de Pizarro y Atahualpa, hasta las voces del siglo 21 con Nina Pacari, Blanca Chancoso, por citar algunas; de esa forma, Rodríguez, multiplica las voces y las hace escuchar a través de los seis capítulos del libro.

Ávila, durante la revisión al libro, dedujo tres grandes partes en las que podría dividirse el libro: la primera de ellas, el intento que se dio en la conquista, de no escuchar las voces de las lenguas indígenas, porque eran considerados casi ruidos de animales o inentendibles.

La segunda, el saber como el conquistador y la gente que dominaba utilizaron las lenguas para manipular al indígena, para explotarlo y destruirlo todo el tiempo a través del aprovechamiento a su desempeño laboral, aspecto que puede ser visto hasta hoy en día, con la criminalización de la protesta pública.

Este aspecto se ubica dentro de ese uso y deseo de aprender la lengua indígena para dominar en este territorio, y ese dominio se conseguía aplicando dos estrategias: explotamos al indígena o eliminándolo; y ¿cómo se lo eliminaba?, no solo matando sino exterminando la cultura y eso se logra al no reconocer la lengua; es la segunda deducción de Danilo.

La tercera deducción está relacionada con el sujeto de derechos. Si bien ahora se pueden reivindicar y decir que hay derechos, también se puede decir que, el sujeto se mira, que no se puede hace a un lado, y un factor importante para estas reivindicaciones es el movimiento indígena.

“El largo camino del Taki Unkuy”, a decir de Ávila, deja cuatro sabores: saber que los mestizos no hablamos lenguas indígenas, de las 16 que hay en el país; lo que permite el invisibilizar de esas lenguas. Otro de los sabores es el no valorar esas lenguas que solo ancianos y ancianas hablan, lo que afianza el riesgo de desaparecer; y como tercer saber, el de proteger esas lenguas, saber que detrás de ellas hay sabiduría; protegiendo las lenguas hay un mundo posible.

La interculturalidad
Otra de las observaciones que deja en su libro la autora Adriana Rodríguez es el enfoque a la interculturalidad; a ese proceso que en primera instancia significaría, las
las relaciones entre las diferentes culturas y que todas las sociedades están igualmente presentes en los espacios de interrelación.

Existen culturas con las cuales el diálogo y la interrelación se hacen más complejas por cuestiones sociales políticas y económicas y porque algunas se han configurado como hegemónicas; es decir, de aquello que no está sujeto a reflexión, por lo que se presentan como natural y deseable, expuso durante la sustentación de sus puntos de vista la doctora Paola Guzmán.

Para ella, en el tema de la interculturalidad, la primera entrada para el entendimiento de este complejo tema podría ser irrisoria, en el sentido que no puede existir un diálogo y una interrelación, porque objetivamente existen estructuras hegemónicas desde las cuales esta aspiración se ve frustrada.

Una segunda propuesta y que es la analizada por Adriana Rodríguez, se basa en una diferenciación entre la interculturalidad racional y la interculturalidad crítica: en la primera propuesta, hipotéticamente existiría un reconocimiento formal donde se supone hay diálogo y tolerancia sin tocar las causas de la asimetría social y cultural existente.

Mientras en la segunda, la interculturalidad crítica, identifica las estructuras objetivas que no permiten el diálogo entre las culturas e intenta además suprimirlas.
Cuales son las estructuras objetivas y propuestas de la interculturalidad crítica: una de las luchas más representativas del movimiento indígena ha sido el tema de la Educación Intercultural Bilingüe.

En su intervención, Guzmán añadió que, la educación como la vivimos está basada en el sistema hegemónico, donde prima el capital, y las relaciones sociales responden a eso con estrategias claramente patriarcales, la propuesta desde la interculturalidad crítica es vivir a la educación como proyecto de y desde la subalternidad. (BSG)-(Intercultural).