Ubicación de la ciudad de Tomebamba y algunas toponimias

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Alfredo Lozano Castro, en su libro Guapondelík – Tumipamba-Cuenca, deja claro en uno de sus artículos que, Guapondelik o Guapondeleg, es palabra cañari.

Al respecto de ello, el libro anota que varios cronistas como: Cieza de León, Garcilaso de la Vega, P. Sarmiento de Gamboa, Martín de Murúa y otros, hacen alusión a las distintas medidas que tenían los incacuna; y de forma particular señalan las dimensiones de la legua inca. (Entendiendo a la legua como una antigua medida de longitud que expresa la distancia que una persona, a pie, o en cabalgadura, puede andar durante una hora)

En este punto, una de las versiones de Martín de Murúa manifiesta que estos lugares de lo que hoy es el sur del Ecuador tienen una extensión de 1,5 o 2 veces más que la legua castellana.

Empeñados en tener un valor referencial de la legua castellana, para de ella deducir el valor de la legua inca y así medir la extensión de la ciudad, se encuentra una resolución del Cabildo realizada a los dos años de fundada la ciudad de Cuenca, en la que determina la extensión de las estancias para los vecinos, dicha resolución dice:

“…Esta mandado que un asiento de otro se ponga a media legua, que para dicha media legua se da a cada uno y no más ni menos, declararon y mandaron que la dicha media legua tenga 1.500 varas de a cinco tercias…”

Esos valiosos datos para los investigadores, están como parte de la historia de la fundación de nuestra ciudad; ya que en la provisión e instrucción para fundar lo que hoy esta urbe, Cuenca, se establece con claridad, no solo la denominación de Tomebamba para todo el valle y provincia; sino también de Paucarbamba, para el asiento donde al parecer estaría emplazada la ciudad inca, que igualmente se correspondería con Guapondelik; con respecto a eso hay una historia que dice:

“Que donde mejor se podrá fundar y poblar la dicha ciudad… es en el asiento que se dice Paucarbamba, que por una parte está y alinda con los tambos reales, en la ribera del río de la dicha provincia, y por otra una laguna que se llama Viracochabamba y por otro los depósitos que se llaman Culca y una estancia que se dice Pitoxio”.

Así es como esta información revela la forma en la cual se emplaza la primitiva ciudad de Guapondélik, en el valle del mismo nombre, así como también esos datos permiten determinar la extensión y límites del asiento inca de Paucarbamba, que al parecer también coincidiría con los límites de la antigua ciudad cañari.

Estos espacios ocupaban aproximadamente un perímetro (línea o conjunto de líneas que forman el contorno de una superficie o una figura) de una legua inca, aunque de acuerdo a las Actas de Cabildos en mención, tendría en sentido este – oeste, aproximadamente una legua inca que es de 8,4 kilómetros; y en sentido norte – sur, media legua inca, es decir una extensión de 4,2 kilómetros.

Posible organización interna cañari

En relación a la posible organización interna cañari, según las investigaciones de Juan Chacón, del 2007, existiría una plaza denominada Guacha Opari Pampa, cuya traducción a la lengua castellana quería decir: plaza donde se origina la gente o, también, plaza donde ovacionaban los cañaris a sus divinidades con gritos rituales, que vendría a ser como un lugar sagrado donde se realizaban las ceremonias alusivas al culto estelar.

Esto permite proponer a los investigadores la existencia de alguna construcción central similar a lo que posteriormente sería el ushno, así como también al significado primero del mismo.

Probablemente sobre esta plaza se asentó la plaza principal de la ciudad de Paucarbamba, que comparativamente con otras plazas de cabeceras provinciales, como Huanaco pampa, debía haber tenido una extensión aproximadamente de 315 por 420 metros en el caso de Tumipampa.

Las toponimias

En cuanto, al significado de los nombres del asiento nativo: Guapodelik o Guapodelic (palabra cañari castellanizada) y Tomebamba (palabra kichwa castellanizada), según el cronista, se traducirían como: “llano grande como el cielo”; el análisis toponímico de la palabra cañari, establece, que se compondría de la base. “Gupon”, cuya traducción debería ser cielo; y del complemento “delic o deleg”, que se traduciría como pampa o llano grande, si se quiere dar crédito a la versión que recoge el cronista.

El significado tiene bastante relación con la concepción simbólica del espacio en las culturas nativas, y en particular del trazado del centro sagrado, el mismo que reproduce una figura celestial de gran veneración en los pueblos indígenas de la región ecuatorial, de ahí que se podría interpretar de “lugar como el cielo”.

En cambio, las palabras kichwas Tumipamba y Paucarbamba, estarían compuestas, en el primer caso de la base: “tumi”, cuya traducción debería ser cielo. Al respecto existen unos objetos metálicos y líticos, con una base semi circular que se les designa con este nombre; probablemente, el instrumento sirvió para hacer mediciones de circunferencias, de ahí su relación con la bóveda celeste (aunque algunos traducen como cuchillo) y pampa llanura.

Sumando estos dos términos, y según el parecer de los investigadores, se traduciría en sentido completo como llanura del arco del cielo, significado bastante fiel a lo registrado por el cronista, y por la interpretación de los estudiosos; en el caso del nombre del asiento Paucarbamba, tiene la base el nombre “paucar”, que se traduce como florido, y “pampa” que es llanura.

De otra parte se dice que estas dos formas de ver esas significancias tiene relación con el calendario agrícola lunisolar, pues el nombre de Paucar Raymi corresponde al mes de marzo, cuando se produce el equinoccio y se traduce como la fiesta de la cosecha de los granos tiernos.

En al ámbito de la región cañari existen otros topónimos con filiación, como por ejemplo: “Guaguaphumi o Huahuaphulmi, palabra, a decir del autor de la obra, corrupta semejante a Guagualshumi, que tienen en sus bases la palabra “guagual” y “shumi” de la desaparecida lengua cañari.

“Guagual” se traduce como pumi, y shumi, que es lugar; con lo cual, el significado final es “lugar del puma”; siendo efectivamente el sitio por donde aparece, en determinadas horas, la constelación de Cuquichinchay, que es el nombre dado al felino de oro o relampagueante, durante los equinoccios y solsticios.

La existencia de un sinnúmero de topónimos con clara filiación a las lengua de los primitivos cañaris, permite ensayar una posible organización territorial autóctona, la cual y en términos de la cronología arqueológica oficial, se correspondería con los períodos Precerámico, Formativo y de Desarrollo Regional.

Con la ayuda de la toponimia todavía existente se puede hacer una clasificación de lugares, para determinar la posible procedencia en orden a la base común “Gua” de ciertas palabras; como también, con las terminaciones “deleg, kay, shapa, si o shi, esta última principalmente de montes cercanos a la ciudad.

Al respecto se debe recordar que “Pacsi”, que se traduce como luna y mes en idioma aymara; precisamente algunos de estos montes son hitos de referencia para los meses lunares, un cuadro al respecto señala topónimos que tienen como base las palabras “gua”, “chapa”, “deleg”, “kay”.

Los nombres
Entre los ejemplos citados por el autor del libro están: Guagualshumi, Guapondelik, Gualdeleg, Gualleturo, Guasuntos, Guapán, Guanguarcucho, entre otros que empiezan con “gua”. También están los que tienen como complemento “shapa” como: Arocshapa, Udushapa, Paquishapa, Sayshapa.

Que decir de las palabras que se complementan o terminan en “deleg”, en esta lista, Alfredo Lozano cita: Sondeleg, Gordeleg, Chordeleg, Deleg, Susudel, Ganadel, Patadel, Casadel. Y finalmente los que terminan en “kay”, que es la lista más grande y cita nombre como: Pichakay, Gadñay, Guillankay, Sidcay, Rircay, Bullkay, Narancay, entre otras.

Un aspecto importante a considerar por parte de los investigadores en este punto es la antigüedad de la concepción simbólica del espacio o lugar sagrado representado con la imagen del puma, el padre común o tótem de la región cañari, que según la suposición del autor de la obra, al parecer estaba ya trazada dicha representación simbólica.

Se cita esto porque, según F. Montesinos, al cumplirse 1.100 años después del diluvio, gobernando Manco Cápac, aparecieron grandes señales en el cielo, sucediéndose también dos eclipses de sol y uno de luna muy notables, tan notables que se citan dentro de los contenidos del libro.

Según los cómputos establecidos, teniendo como referencia el nacimiento de Cristo, ocurrido al rededor del año 2947 después del diluvio, esta constelación apareció hacia el año 1847 antes de Cristo, es decir, al rededor de 3851 años antes del presente.

Se dice por parte de los investigadores que, esta época bien puede homologarse a la vigencia de aproximadamente dos eras cósmicas, aunque previamente habría que identificarlas constelaciones del zodiaco indígena. (BSG)-(Intercultural) (Tomado del libro: Guapondelik/ Tumipampa/ Cuenca, del autor Alfredo Lozano Castro).