Cuando los saraguros atravesaban a pie la cordillera oriental

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En junio y septiembre, en acémilas se cargaban a las gallinas, gatos, enseres de casa, ropa, para dirigirse de Zamora a Saraguro o viceversa. Los saraguro tenían que cosechar y sembrar el maíz.

La Provincia de Zamora Chinchipe está conformada por nueve cantones; nueve parroquias urbanas; y 26 parroquias rurales. Yacuambi, cantón cuya dimensión llega a los 1.248.08 kilómetros cuadrados, es el espacio que los miembros de la nacionalidad saraguro escogieron como el territorio mejor, para desde hace décadas asentarse y formar una gran población que mantiene su identidad.

Muchas preguntas surgen sobre la forma cómo los pobladores del norte de la provincia de Loja, los saraguro específicamente, se desplazaban hasta la zona oriental.

Esos traslados de Zamora a Saraguro y viceversa en las temporadas señaladas para eso, son parte de las vivencias de los padres e hijos que, antes de cruzar la cordillera por la vía, por carretero, lo hacían a pie, arreando a los mulares, al ganado, cargando desde los platos, la comida, hasta las cosas más pequeñas que hacían parte de la existencia.

De Zamora a Saraguro y de Saraguro a Zamora

Cuando llegaba el mes de junio, los hombres y mujeres de la nacionalidad se preparaban para abandonar sus tierras en Zamora y dirigirse a su suelo natal donde trabajaban y vivían la temporada de las cosechas y las siembras.

Eran tiempos en los cuales, la población se debía a sus dos espacios geográficos. A la serranía, al tiempo del maíz, al calendario agrícola que determina las épocas de siembra, deshierbas, y las tres cosechas; pero también al ambiente oriental de cuidar del ganado entre los cálidos pastos amazónicos.

Entonces en junio, cuando la temporada de la cosecha estaba cerca de empezar, la gente de Saraguro salía para planificar el cómo realizarían la recolección del maíz, el fréjol, sembrados en septiembre.

Ese era el tiempo de coger a las gallinas, puercos, perros, gatos, platos, ollas, bestias, ya sean caballos o mulares, enseres de casa como cobijas y ropa, para padres e hijos y emprender la caminata, retar el ambiente medio cálido y frío que marca la frontera entre la Sierra el Oriente y por dos días caminar hasta llegar a Saraguro.

Dos días tomaban esas caminatas. Dos días para atravesar la cordillera. Eran tiempos en los cuales no existían carros, además las cargas eran grandes, pesadas. A lomo de mula se llevaban todo lo que se necesitaba para su residencia en el suelo natal, durante los meses que dure la cosecha del maíz maduro.

“Se ponía llave en las puertas y se tomaban las bestias cargadas de gallinas, gatos, perros, ropa, las ollas, digamos que todo, se pasaba acá con el ganado, para cosechar el maíz y lo que se había cultivado en el suelo originario”, dicen los que vivieron y recuerdan esas historias.

Eran los meses de vacaciones en las escuelas, en los colegios, por lo tanto, padres e hijos integraban esa gran minga y de esa vivencia relacionada con el maíz que ha madurado.

Una vez que los hombres y mujeres llegaban a la serranía, de inmediato se dirigían a los campos para cosechar lo que la chacra ofreció en esos nueve meses de permanecer erguida sobre el suelo. Era y es el tiempo de segar las chacras secas, de deshojar las mazorcas y separar el maíz que dos meses después será la semilla para el nuevo período de siembras.

En julio, los campos estaban secos, los animales comían el rastrojo y luego reposaba el suelo para en agosto empezar a romper la tierra, es decir, era el mes de las aradas y preparación del suelo, de dejar lista la tierra que en septiembre recibía una vez más las semillas.

No faltaban quienes se atrasaban un poco en cuanto a las siembras, por lo que a veces se quedaban hasta los primeros días de octubre para dejar las chacras bien cultivadas, esperando que crezcan para luego darse un salto en el tiempo de deshierbas.

Cuando terminaba septiembre, los viajeros sabían que era hora de volver. Entonces, otra vez se tomaban a las gallinas, los perros, gatos, acémilas para la carga, la ropa y los enseres de casa, para dirigirse a Zamora y empezar el trabajo con el ganado que esperaba en el pasto oriental.

“Y así se daba la vuelta. Ahora también se da, no de la misma manera en cuanto al viaje, porque ya nadie lleva al perro, ni a las gallinas, los tiempos han cambiado. Antes, pensar en ir de Saraguro a Yacuambi era planificar los dos días de viaje y la forma cómo cruzar las montañas, pero caminando”, dice Rosa.

Esa era una costumbre propia que los saraguros lo mantenían y lo mantienen hasta ahora (ya con la modernidad) en cuanto a estar presentes en las dos área geográficas de acción y de vida, que son las que fijan el desarrollo de su pueblo, tanto en lo económico como en lo cultural.

Ahora, la intensidad de los viajes, por la distancia y por los medios por los cuales se desplazan, son diferentes, pero también por la forma cómo se concibe ese desplazamiento. A decir del prefecto Salvador Quishpe, poco a poco en Zamora se asentaron las escuelas, por lo que los hijos se educan aquí y ya no se vive eso de dejar la casa vacía o los sembradíos y todos a Zamora o a Saraguro.

Sin duda hoy en día, las condiciones del viaje son mejores, más desde el 2016 cuando se abrió el servicio de transporte interprovincial por la carretera que une Saraguro con Yacuambi. Esa arteria de conexión física es una fuerza de unidad, porque hay temporadas cuando están más saraguros en Saraguro que en Yacuambi y viceversa.

Trabajar desde la convivencia intercultural

Entre 1962 y el año 2010, es decir en 55 años, la población nacional a crecido 3,2 veces, en tanto que la población provincial se ha multiplicado en veces, incrementando su peso en el territorio. Datos contemporáneos dan cuenta que Zamora cuenta con aproximadamente 95.000 habitantes; población en la que están presentes cinco nacionalidades predominantes.

Lograr una convivencia intra e intercultural ha sido para los habitantes de esta provincia un aprendizaje continuo. “Hasta el 2003, se registraba una especie de divorcio entre los habitantes saraguros y los no saraguros de Zamora Chinchipe, la gente vivía medio distante y ajenos.

Ese comportamiento obedecía a una sola cualidad: los saraguros solamente pasaban por la ciudad de Zamora, y eso, porque su centro de acción no estaba en este espacio, sino en Yacuambi.

Obligadamente, toda esa gente que se dirigía a sus tierras, no tenían ninguna identidad que les conecte con la capital de la provincia”.

La presencia política refuerza la identidad
Años más tarde esa realidad cambia por la presencia política que empiezan a tener los líderes de la nacionalidad saraguro en las acciones de la provincia, época en la cual los no saraguros de la provincia, mestizos, shuar sobre todo, puruháes y afro empiezan a convivir y hacer amistad.

Afianzar esas relaciones sociales, políticas, económicas permitieron en parte crear una especie de hibridación cultural, no muy sentida por cierto, porque de acuerdo a la historia y con los tantos años de estar presentes ahí hombres y mujeres de la nacionalidad saraguro, ya se registran matrimonios entre shuar y saraguro, por ejemplo.

A decir del prefecto Salvador Quishpe: “A partir del 2003 se pega un sacudón, que fue como un llamado donde se pudo decir aquí estamos; y fue así, porque la presencia político ayudó mucho y de distintas maneras. Algunos decían que estaba bien, lo vieron como positivo y bueno que los saraguros llegaran a un espacio como el congreso, porque por ahí empezamos”.

La historia de esa presencia y participación de los indígenas de Saraguro en la vida política del Estado, en el Congreso Nacional primero, se dio con Salvador Quishpe, quien fue el primer diputado. Ese aspecto, según el líder, permitió lograr notoriedad incluso ideológica, lo que posibilitó que la gente de la nacionalidad levante la frente, el autoestima y empiecen a proyectar un nuevo momento en la vida de los saraguros dentro de la provincia, tanto de Loja como de Zamora.

“Ahora hay un alcalde saraguro, es la primera vez. El reto para nosotros es cómo hacer una gestión en la que todos se sientan representados, porque no puedo hacer una gestión que solo sea del gusto de los saraguros y olvidando el resto de la sociedad”, deja bien claro Salvador.

Llegar a la administración institucional pública permitió y permite concertar entre los diversos grupos, aspecto difícil en ciertos momentos y dependiendo de los temas. Para los líderes, concertar es tener la decisión política de hacer las cosas de manera compartida y hacerlo bien, porque la gente está viendo cada cosa que hacen. (BSG)-(Intercultural)

Detalle
-La provincia de Zamora Chinchipe es una de las 24 Provincias de la República del Ecuador, está ubicada en la zona sur oriental del país, Geopolíticamente es una de las seis provincias que forma parte de la Región Amazónica.

-Tiene una extensión de 10.572,52 Km 4,12% del territorio nacional, limita al norte con la provincia de Morona Santiago, al sur y este con la República del Perú y al oeste con las provincias de Loja y Azuay.