La sanación que viene de la cascada

655

Allá en La Poderosa, Zamora Chinchipe, taitas y seguidores de los saberes ancestrales se dan cita cada raymi para purificarse.Uno de los grandes rituales es el desarrollado en el Pachamama Raymi, en abril

El sol aún no salía. La oscuridad era tan intensa que ni el blanco manto de la cascada lograba al menos pintar como un hilo en esa sábana oscura. Allí, entre la vegetación amazónica, entre las pequeñas brisas que soplaban de la cascada estaban unos taitas, unas mamas y unos fieles seguidores de los saberes ancestrales.

Era en abril cinco, en el inicio del Pachamama Raymi. Desde las cuatro de la mañana, sabios y seguidores se alumbraban con el brillo tenue de las cuatro velas y, de pie hacían una especie de círculo alrededor de la chacana. Una chacana pequeña, pequeñita, esa la cruz andina que tomaba forma sobre unas sábanas negras con todos los componentes sagrados que requiere.

El agua se precipitaba desde esa meseta hacia la quebrada y su ruido era tan intenso que había que hablar fuerte para entenderse entre unos y otros. De cuando en cuando, como parte del ritual, sonaba el churo o quipa. Un hombre saraguro soplaba el inmenso caracol, cuyo sonido a veces grave, otras veces agudo retumbaba entre la pared montañosa, los árboles y las hojas.

La oscuridad no dejaba ver muy de cerca la tabla, hecha caminería y que cruzaba las cristalinas aguas del naciente río Bombuscaro. Saltando de piedra en piedra, de paso en paso por el madero se cruzaba el pequeño río y entonces ya se era parte del ritual.

La ceremonia era una especie de limpia. Siguiendo los principios de rigor, los asistentes se sometieron a las limpias que retiraron de sus cuerpos humanos todas las malas energías. Taita Baudilio Quishpe, un Inca Runa, era el jefe de la ceremonia.

El agua y la quipa suenan

Un sonido, dos, tres sonidos de quipa. Caía el agua y la voz del chorro se dejaba sentir en todo el espacio. “En esta limpia cada uno dejamos todo lo malo. Primero desechamos la debilidad, el miedo, el temor, luego de eso vienen las fortalezas porque se pide energía y fuerza para seguir caminando y así seguir con los propósitos que tenemos”, decía Baudilio.

El encuentro del hombre con la cascada significa un descargue de energía. En la limpia entran algunas manos, empezando con las del taita y continuando con las de las mamas. Baudilio y sus cuantos colegas se encargaban de sanar a los presentes, uno por uno pasaban para purificar los cuerpos y espíritus.
“Uno por uno por favor, enseña las partes donde siente el dolor”, así era el llamado en voz muy alta, porque el agua que se precipitaba no dejaba lugar para la voz baja.

La sanación individual empieza con el sol de la mañana, con los primeros rayos que se meten entre las las ramas de los árboles o las que ya enseñan el blanco de la cascada. Sanar las dolencias y molestias de los individuos empieza cuando el ritual en honor a la madre Tierra se acaba.

La temperatura en el espacio de La Poderosa no era helada como el frío andino; pero tampoco caliente como el trópico; en las mañanas la amazonía el clima es medio tibio. Lo que sí permanece fría, pero muy fría; más o menos unos cinco grados, dicen los presentes, es el agua, y meterse bajo el enorme chorro que cae como del cielo es el primer paso para ser sanado.

Salvador Quishpe, Prefecto de Zamora Chinchipe, era uno de los primeros hombres voluntarios que se lanzaba al reto del rito. Luego de él pasaron más hombres y mujeres. “Apura hombre, con miedo creo que estás”, replicaba un anciano, a un joven que tenía algo de resistencia.

El anfitrión el primero en ingresar a la cascada

“Verán compañeros, primerito Taita Salvador, como el dueño de fiesta, como el dueño de casa, va a presidir la entrada a la cascada, junto con cuatro personas que son las que apoyan este rito, luego pediremos a cada uno para que en orden caminen hacia la cascada, con todo el respeto hacia ella”, eso decía uno de los animadores. Para poder ingresar y recibir la bendición había que ingresar por el lado derecho, para salir ya purificado por lado izquierdo.

Taita Salvador entonces se sacó la camisa, el pantalón, los zapatos. Mientras dejaba su torso y piernas desnudas, sonaban las quipas; eran dos grandes caracoles que se soplaban fuerte para llamar a los dioses, para purificarse con el agua, y para que todos entren a ese pequeño charco cristalino y reciban del agua.
El Prefecto junto con taita Baudilio, dos hombres y dos mujeres se fueron a la cascada. Antes de entrar al gran chorro, el taita hizo una señal con la corta lanza de chonta. Después de eso, frotando su pelo caminaron para con los brazos abiertos recibir el golpe helado.

Cerca de cuatro minutos bajo la cascada, soportando el golpe, el frío, el chorro que no cesaba. Así con los brazos abiertos, retando la respiración bajo el agua. Era de ver la piel canela que se erizaba pero allí se mantenían, ese era el momento culme de una parte del ritual de sanación.

Cuando todo ha pasado, tuvieron que salir. No chocar diente de arriba con diente de abajo o evitar el temblar de los huesos era imposible, hay veces que el frío es superior a la voluntad física del hombre.

Pero ahí no terminaba la limpia. Aún faltaba más. Frente al taita, Salvador y los compañeros recibían el soplo con los macerados de alcohol y plantas y la limpia con la lanzas de chonta; brazos arriba para el primer soplo; mirada al cielo y brazos adelante con la altura de las manos casi al mentón del soplador, para el segundo soplo, que se lo hace directo a la cara. Antes de rociar el cuerpo con el oloroso líquido, el taita elevó la botella de pócima al cielo.

Y aún vienen más ritos; poner un poco de líquido en las manos del paciente para que frote su cara, luego de eso un pequeño masaje en los hombros y un poco de pócima en la cintura. Después de ello, llega el final; recibir el sahumerio o el humo que huele a incienso y plantas sagradas.

Esa tarea se encomienda a las mamas. En un plato de barro un tanto hondo y ancho, ellas colocaron carbón y flores al rededor, le sumaron incienso le prendieron fuego y con ese humo purificaron el cuerpo y el espíritu de las personas. El sahumerio se recibe primero en la parte delantera del cuerpo, y luego en la espalda. Las sabias saben que eso se pasa por todo el cuerpo. Minuto y medio dura este ritual, y entonces el sanado puede retirarse a vestir su cuerpo.

Un ritual milenario

Ese ritual era para todos, es un ritual milenario, ancestral, que se pasó de generación en generación. “Todos recibimos de la madre tierra el agua sagrada que es el símbolo de conversión de cada uno, para recibir las bendiciones e iluminación necesarias yseguir el camino de la vida. Vamos a pedir que esta celebración del Pachamama Raymi, que tiene un contexto individual, sea un eje de toda la celebración”, eso decía uno de los taitas, luego de culminar el proceso.

Ese taita dejaba en alto la costumbre indígena de sanación, más aún en un espacio como Zamora Chinchipe, espacio donde confluyen la visión de algunas nacionalidades ecuatorianas como son los kichwas de Saraguro, los shuar, los puruháes, afroecuatorianos y mestizos. Para este sabio era imposible terminar con el ritual sin agradecer a la madre naturaleza por prestar el espacio y permitir beber el agua y sin agradecer a los ancestros por lo que dejaron como herencia.

“Uyayay Pachamama”, ese era el grito, la loa, o las vivas, que todos coreaban y expresaban la alegría de estar reunidos en un mismo momento, lugar y celebración. Las quipas volvían a sonar, unas shacshas lo acompañaban y como que a veces retaban al agua.

En la provincia de Zamora Chinchipe es costumbre por parte de las nacionalidades allí presentes, de los saraguros especialmente, desarrollar el baño de purificación en la cascada durante los cuatro raymis, es decir en el Pawcar, Inti, Cuya y Cápac Raymi. La purificación es un encuentro con la naturaleza, que tiene a sus aliados el agua, el fuego, el viento y la tierra.

El ritual 2017 ya era historia. Salvador, el Prefecto, tenía la toalla en su cuello, para él no hay mejor purificación del cuerpo y alma que aquella realizada en la cascada que nace crece y se cae en el corazón del Podocarpus, una cascada no contaminada, pura, con mucho oxígeno y fuerza. “Es necesario volver a pensar en esos temas de cuidar la naturaleza, pasamos pensando en el negocio, el día a día y no en cosas básicas como es la necesidad de tener agua pura”, reafirmó Quishpe.

Hombres y mujeres aliviados, desestresados, hombres purificados y satisfechos, ese era el criterio de quienes abrigaban sus cuerpos después de haber pasado por la cascada, la soplada y el sahumerio. Hay hombres y mujeres que no fallan de la ceremonia del Pachamama Raymi, no importa cuan pronto madruguen y caminen para participar de la sanación, ese era el caso de Manuel Cartuchi y su hijo.

En la cosmovisión andina, purificarse es una oportunidad para buscar un equilibrio. Eso explica Jorge, un muchacho saraguro, nacido en Zamora, descendiente de una de las primeras familias que décadas atrás migraron de Saraguro a Zamora, que a través de sus padre y mayores comparten el saber que vienen de sus ancestros. (BSG)-(intercultural)