El primer libro con la tradición oral de Cumbe

Jaime Chinchilima dedicó 20 años de su vida a recoger la tradición oral milenaria y centenaria, historias que ahora dan forma a su libro: “Hacia el Camino Sinfín: Cuentos, Utopías, Memorias, Bondades y Encantamientos”

El cuento en su principio dice: “Escondido entre los montes, allá entre la furia climática de esos fríos páramos y su continua garúa, en la paja con shulla, junto a las bestias salvajes donde gemía estruendoso el sacha runa, allí vivía el chuszalunku.

Entumido caminaba lentamente por los mismos caminos, con los pies al revés: el talón estaba primero y los dedos hacia atrás, dejaba marcando sus engañosas huellas sobre los arrecifes barrosos; se creía que caminaba de frente, cuando en realidad lo hacía al revés…”, el relato es largo, pero se dice que junto con las historia de la “Mama Shin” (Madre Luna), el “Espíritu del cerro” y “Campana Rumi”, son de origen cañari.

“El Chuszalunku” es el segundo de los 75 cuentos que tiene el libro “Hacia el Camino Sinfín: Cuentos, Utopías, Memorias, Bondades y Encantamientos”, obra a presentarse próximamente, que recoge esos relatos que le pertenecen a la gente de Cumbe.

El compendio de tradición oral determina once categorías para las historias. Cuatro de ellas son de la época cañari; dos de la época inca; tres de los tiempos de la colonia, y tres de la era republicana.

Después de esta clasificación cronológica se determinan siete categorías más: De féminas y espacios sagrados, Del agua y sus encantos, De apariciones, demonios y brujas, De sucesos y peripecias; Mensajes religiosos; De arrieros y cuatreros; y finalmente, De hazañas y aventuras.

Uno de los cuentos de los incas se titula: “Seres Extraños”, que es una de las historias de los taitas y los chaskis que permanecían atentos todo el tiempo en sus chozas y cuevas, apostadas en determinados espacios visibles y a distancia prudentes, a la espera de las encomiendas.

20 años le tomó a Chinchilima recopilar la información fantástica. La tarea empezó cuando muchacho, nació de las curiosidades de un chiquillo colegial. Conversar con el autor es volver a escarbar en esas historias y las estrategias que aplicó para recoger una parte de las tantas cosas dentro de la tradición oral que tiene Cumbe y enpaquetarlas en un texto que como subtitulo tiene un acróstico: Cuentos, Utopías, Memorias, Bondades, Encantamientos, bueno al unir las letras esto deja clara la palabra CUMBE.

Todas las historias encierran un mensaje. Los relatos describen paisajes, personajes, circunstancias, momentos de misterio, alegría, tristeza. La mayoría dejan moralejas porque son una especie de doctrina que dibuja los límites entre el bien y el mal, opciones de las que ningún ser se escapa.

“Tuve la oportunidad de conversar con la gente y de recopilar aquellas historias que vienen de nuestros padres y abuelos, compartiendo gratos momentos en las mingas o en reuniones familiares, allí se obtuvo la información que luego la transcribí; eso se dio como un estado de urgencia por salvaguardar nuestro patrimonio intangible, como es nuestra oralidad”, afirma Chinchilima.

Son las huacas de Pillachiquir, las lagunas encantadas, los cerros, las montañas, las quebradas, las que guardan entre sus entrañas esos seres míticos que provocan miedo, horror; personajes que han salido de la ficción de la gente allí asentada muchos siglos atrás. Esas montañas que con el tiempo poco han cambiado su fisonomía, son la guarida de los espíritus míticos, a lo mejor, detrás de un arbusto, un árbol, una piedra, un hueco, está el cuco, el demonio.

El límite entre el bien y el mal

Las leyendas son el mejor canal por el cual la naturaleza comunica al humano sus reacciones, sobre todo cuando siente que su espacio es invadido o agredido. En pleno siglo XXI, aún se puede escuchar:
“No puedes subir a ese cerro, porque te encantas”; “Ese cerro te esconde el camino”, “La laguna te va a comer”; son esas frases, esos enigmas los que generan los cuentos y leyendas que de alguna manera se convierten en una escuela, en una forma de enseñar los límites entre lo bueno y lo malo, porque son historias que se contaron a lo largo de muchos años, que pasaron por varias generaciones, relatos que se relacionaron con su educación, con esa costumbre que tenían de señalar el camino entre lo que debían hacer y lo que no.

De la era colonial, Jaime cita tres cuentos y entre ellos “La Reja de Oro”. Ese cuento relata la historia de un chacarero que, trabajando en los pajonales con la yunta, construyendo una jarata encontró una reja de oro pequeña y brillante al contacto con el sol; de inmediato, este chacarero no dudó en bautizarla con sangre de la palma de la mano, cortándose en forma de cruz y dejando caer algunas gotas sobre el objeto, luego la envolvió en su poncho, la llevó a casa y la guardó en un baúl bajo llave y en absoluto secreto. Así le mantenía en un estado puro y natural.

Si bien el proceso de recopilación empezó aplicando solo el arte de escuchar, con el paso de los años, el autor de esta compilación se dio cuenta que escuchar no bastaba, que un buen libro exige un proceso de investigación más profundo, por lo tanto, se adentró a las casas de los ancianos, cerca de los fogones o salas para así conversar con ellos: “Yo le dije necesito conocer un cuento y una leyenda que usted escuchó o conoce”, eso fue parte de la fórmula de la gente.

Todas las historias recogidas se desarrollan en Cumbe, con anécdotas de los cumbeños. Son los escenarios naturales de este pueblo ubicado a 15 kilómetros de Cuenca, los que encierran esos mitos y fantasías que, de algún modo la gente de todas la edades puede tener como vivencia personal eso que por el momento solo está en el cuento, leyenda o mito.

“Algunos de los sitios aún mantienen ese misterio, se puede escuchar en la juventud decir; este sitio es misterioso, pesado, podemos encontrar la huaca. También se oye decir: no puedo llegar a ciertos cerros, porque todavía hay ese encantamiento, cuando quiero ascender llueve o no puedo subir porque no encuentro el camino. En la sociedad actual, las nuevas generaciones aún sienten que hay ese misterio, esa fuerza en los cerros”, explica Jaime.

Y es que el cerro, las montañas, las quebradas si que tienen misterios. Las andadas de Jaime le dejaron ver que si bien la ruta previa al gran destino tiene lluvias, viento y nube espesa, una vez que se supera eso, el sol ilumina al espacio considerado sagrado.

La relación con la arqueología

Pillachiquir, Mamaku, Caushin, El Calvario, de pronto Yurackaca y Zhizho son considerados como sitios enigmáticos, espacios que a más de encerrar historias en sus entrañas, tienen vestigios arqueológicos, piezas que enriquecen los mitos.

Recorrer esos caminos en busca de historias, significaron en muchas ocasiones comprobar que a sus faldas y cumbres vivieron ancestros, gente de las culturas milenarias como los cañaris, o la cultura inca, que tuvo su auge, muy corto, pero decisorio en esta parte del país.

Si hay algo que despierta curiosidad dentro de este mundo de leyendas y mas tradiciones, es que los personajes están como zonificados. Por ejemplo, cuando se habla de la huaca, se dice que esta se ubica en la zona de Pillachiquir; aludir al Chuzsalunku es referirse a otro sitio.

La gente recuerda las leyendas pero no mezcla los personajes, siempre los identifica con un momento y una área específica.

Este aspecto es de trascendental importancia dentro de los planes culturales de Cumbe, porque así como los pobladores identifican la historias también los ubica en un espacio con sus respectivos personajes ya sean ficticios o reales, en las circunstancias que vivieron. Las vivencias aquí juegan un papel importante porque son parte de la cosmovisión del pueblo.

El primer libro que recopila la tradición oral de Cumbe tiene algunas historias que se complementan con ilustraciones fotográficas de los espacios donde se registran esos hechos. “Son esos sitios que uno visita y se hace fotógrafo aficionado; hay que documentar la parte gráfica, con eso refuerzo mis investigaciones, la fotografía enriquece las historias”, es el pensamiento del autor.

Las historias recogidas en “Hacia el camino sin fin”, se escriben desde la percepción tradicional del pueblo, no toma datos como fechas o lugares de la historia oficial y fechas; cada una de las propuestas tiene como base los acontecimientos que vivió la gente del lugar.

El libro es parte de esos planes que tiene Cumbe para reforzar el proyecto de turismo comunitario. Chinchilima es de los estudiosos para quien es importante contar la historia de los cerros, de los puentes y lagunas, eso gusta a la gente. “Hemos hecho esta primera edición que compila parte de los sitios de Cumbe. Cada cuento, mito, leyenda, historia, es una oportunidad para identificar el espacio donde se desarrollan los hechos”, finaliza. (BSG)-(Intercultural)