Topónimos Equinocciales, un acercamiento a los equinoccios

Cuando Hernán Loyola escribió su libro Geografía Sagrada: Arqueastronomía de Pumapungo – Guapondleig, una buena parte de su tiempo lo dedicó al estudio de las toponimias. Así en un capítulo especial aborda el tema de los topónimos equinocciales.

Los equinoccios se presentan cuando el sol ocupa la posición ecuatorial y divide el cosmos en dos espacios o hemisferios y como referente astral nocturno, tiene a las tres estrellas del cinturón de Orión; o las Tres Marías.

Cecilia Sanhueza, citada en la obra de Loyola, al señalar el equinoccio confirma que: “El sol y la luna han alcanzado su “justo medio”, que en el idioma aymara se conoce como Chicase – Pacha, que es el tiempo de hacerse “mitades iguales”. El término Chica y sus derivados se asocian a la idea de “medir”, de mirar si son iguales y unión, “hombre-mujer”, en el equinoccio los astros opuestos se encuentran (el tincu) y alcanzan la posición o condición ideal de dualidad, igualación y equilibrio.

El clima se anticipa en el caminar del sol cuando el 23 de septiembre pasa de norte a sur, deja atrás al dominio de la noche y el frío y comienza el dominio del día y el calor; abandona un periodo de enfermedades del frío y se proyecta un tiempo de sanación, festejándose así el situa raymi o fiesta de la expulsión de las enfermedades del frío.

En la agricultura es la época de dejar atrás a una vegetación yerma e inicia la floración de las plantas -primavera- y arranca el tiempo de la siembra del maíz.

En cambio, en el equinoccio del 21 de otoño (21 de marzo) cuando el sol pasa de sur a norte se revierte el proceso; el período de calor da paso a otro frío, el de luz al nublado y el de limitaciones alimenticias a otro de bonanza, porque la chacra comienza a producir y consecuente hay un declinar vegetativo.

Munay o Monay

El padre Arriaga, en la relación con la similitud entre el Cusco y Tomebamba señala: “En el Cusco existe el barrio de Monaycenca; en Tomebamba es de Monay, situada en una hermosísima llanura cercana a la ciudad.

El antiguo y hermoso valle y su río Munay están ubicados al oriente, en la prolongación del corredor del centro ceremonial de Pumapungo. Monay o Munay significa deseo, amor, cariño, ternura. Por su origen mítico, este ceke o dirección se relaciona con fiestas y ritos ceremoniales equinocciales de primavera como el Situraymi o del otoño de Pucarraymi.

El inca Garcilaso de la Vega, al referirse a la fiesta del “Amarre del sol”, en los equinoccios dice: “Para verificar los equinoccios tenían columnas de piedra riquísimamente labradas puestas en los patios y plazas que habían ante los templos del sol.

Los sacerdotes cuando sentían que los equinoccios estaban cerca, tenían cuidado de mirar cada día la sombra que la columna hacía. Tenían las columnas puestas en el centro de un cerco redondo muy grande, que tomaba todo el ancho de la plaza o patio.

Por medio del cerco echaban por hilo, de oriente a ponente, una raya, que por larga experiencia sabían, donde habían de poner el un punto y el otro. Por la sombra que la columna hacía sobre la raya veían que el equinoccio se iba acercando; y cuando la sombra tomaba la raya del medio a medio, desde que salía el sol hasta que se ponía, y que al medio día bañaba la luz del sol toda la columna en el contorno, sin hacer sombra a parte alguna decían que aquel día era el equinoccial.

Entonces adornaban las columnas con todas las flores y hierbas olorosas que podrían haber, y ponían sobre ellas la silla del sol, y decían que aquel día se asentaba el sol con toda su luz, de lleno en lleno, sobre aquellas columnas, por lo cual y en particular adoraban al sol aquel día con mayores ostentaciones de fiesta y regocijo y le hacían grandes presentes de oro, plata, piedras preciosas y otras cosas de estima”.

En el complejo de Pumapungo, el corredor ubicado entre los recintos Kuricancha y Akllawasi se encuentra alineado con el sol equinoccial y conduce al valle de Monay.

El Situaraymi

En el calendario festival prehispánico, el Situaraymi se festejaba al rededor del equinoccio de primavera austral, el 23 de septiembre, y proporcionaba sanación; pues bajo el concepto animista, en esta fecha se expulsaban las enfermedades propias del frío o del invierno austral que, como señala Guamán Poma, en el mes de septiembre eran comunes; enfermedades y muerte y cargan mucho romadizo y enfermedades de reuma y gota y mal de corazones.

Esta parte de la historia cuenta también que en: “los llanos salud se lanzaban hondas de fuego, se quemaba la ropa, cobijas y baldeaban casas y calles. Luego las cenizas eran depositadas en un río y la población se bañaba para que las enfermedades se vayan lejos y no regresen; igual como ocurre con las limpias o curaciones amarillas; de esta manera se despedían a las enfermedades del frío del invierno austral.

De acuerdo a lo señalado, es posible que los habitantes de la localidad tomaran baños rituales en el calixopogyo (fuente) de Munay, para alejar los malos y retomar la salud.

Se puede observar ahora, en la actualidad, que las familias cuencanas durante el tiempo de frío de vacaciones, suelen trasladarse al valle subtropical de Yunguilla, o al litoral ecuatoriano, en busca de los llanos y salud, mencionados por Guamán Poma.

En cuanto a la fiesta del Situaraymi, Garcilaso de la Vega recuerda: “En el equinoccio de septiembre hacían una de las cuatro fiestas principales del sol, que llamaban Situa raymi, que quiere decir fiesta principal. La cuarta y última fiesta solemne que los reyes celebraban en su corte, lo llamaban “Situa”, era de mucho regocijo para todos, porque la hacían cuando desterraban de la ciudad y comarca, las enfermedades y cualesquiera otra pena y trabajos que los hombres puedan padecer”

En el análisis que el cronista Guamán Poma de Ayala hace al calendario ritual de estos pueblos, afirma que: “… En este mes mandaron los ingas a echar las enfermedades de los pueblos de todo el reino, los hombres armados como si fueran a la guerra a pelear, tiraban ondas de fuego diciendo: salid enfermedades y pestilencias de entre la gente y de este pueblo; déjanos con una voz alta”. Esto se hacía en todo el reino y otras muchas ceremonias.

El equinoccio del 23 de septiembre constituye el principio de la primavera o época de la floración de la mayoría de los árboles; se deja atrás la vegetación yerma, propia del frío, y comienza el período verde o el renacer vegetal.

También es el comienzo del período de siembra, motivos suficiente para considerarlo un espacio de un gran deseo de amor, porque la vida renacía y atrás queda, el período seco, frío e improductivo.

Hacia el equinoccio del 21 de marzo

Así también, el otro equinoccio, el del 21 de marzo, se festejaba la fiesta del pawcaraymi o fiesta del florecimiento o cuando el maíz comienza a florecer, que equivale al “jatunpurkuy, o la fiesta de la gran producción de la chacra; era el momento cuando por un lado se agotaban las reservas alimenticias del pueblo, y por otro, la chacra empezaba a producir granos tiernos en abundancia, dejando atrás un periodo de limitaciones y se pasaba a otro de abundancia de alimentos, es el momento de un gran deseo, que es el “Munay”.

Es posible que esta fiesta en muchas ocasiones coincidiera con la Semana Santa o Semana Mayor de los católicos, entonces para erradicar las idolatrías se la trasladó a la Fiesta del Taita Carnaval, que no tiene ninguna relación con el Carnaval Occidental y su fecha de festejo; así lo explica, según el libro de Lozano Castro, los mitos que lo describe María Rosa Crespo.

Para entender a Taita Carnaval hay que analizar sus mitos y símbolos, no la fecha de celebración oficial. Taita Carnaval es más que una fiesta, es un conjunto de representaciones de personajes mitológicos y rituales que señalan el espacio-tiempo entre un antes de limitaciones a otro de satisfacción.

Así, los campesinos entregaban a los urcuyayas una pampamesa con los mejores productos de su chacra, con el deseo de agradarlos, uyansaban (bailaban) o agasajaban a sus seres míticos y ellos les pagaban con abundancia o con pobreza, según el comportamiento de la familia.

El mito dice que, desde el fondo del cerro emergen dos urcuyayas: el primero en salir es la pobreza o “Yarkay,” que estaba mal vestido, tocaba el pinkullo y llevaba un fiambre muy pobre, este hombre tenía también el nombre de “Musay” o “Wakcha”.

Luego viene Taita Carnaval que simboliza la riqueza y está vestido como los indígenas cañaris, con zamarro y un sombrero muy grande, chicote, guaraca, o una honda. Su fiambre consistía en mote, papa, cuy y gallinas. En este periodo había suficiente yerba para los cuyes y comida para las gallinas. (BSG)-(Intercultural) (Tomado del ibro: Geografía Sagrada:Arqueoastronmía de Pumapungo – Guapondelig”, del autor Hernán Loyola).