Pocos wanquilis quedan en la Amazonía Ecuatoriana

Para ser un wanquil hay que estudiar minuciosamente los saberes de los ancestros, no comer carne, ni ciertas plantas. La guía de un sabio anciano es básica para cumplir el objetivo.

Una corona de plumas, de muchas plumas con colores intensos, cubría su cabeza. Plumas rojas, amarillas, blancas, negruzcas le daban un distintivo especial. Gracias a la corona que cubría su cabeza, se podía atinar que el hombre venía desde la Amazonía ecuatoriana.

A lo lejos ya se distinguía a quien lleva como nombre Fidel Andi, ciudadano oriundo de la provincia del Napo. Un kichwa oriental que al abordarlo deja claro su nacionalidad, que es diferente a los kichwa andinos, a pesar de tener la misma lengua.

El atuendo del hombre, propio de la identidad amazónica, se complementaba con el collar que colgaba de su cuello. Un collar largo y compuesto de muchos elementos. Pepas rojas con puntos negros, pequeños canutos de bambú delgado, semillas alargadas y marrones, todo eso unido con chambira, hilos de fibra natural, que sonaban con el mínimo movimiento del cuerpo.

Fidel es un sanador, un yachac, un sabio, un hombre que aprende, investiga hasta llegar a los grados más altos que tienen los curanderos de su cultura. Aún le quedan muchos escalones por subir para coronar el más alto que es, convertirse en un wanquil.

“Hoy en día es muy difícil ser wanquil. Eso necesita de una dieta muy fuerte. Nosotros debemos tener un contacto muy serio y profundo con la naturaleza y respetar a los animales”, así dice el sabio.

Llegar a wankil es el poder que adquiere un hombre o mujer para transformarse en un animal sagrado dentro de su cultura. Puede ser ave, serpiente, en un poderoso tigre o en un jaguar. Eso de ser wanquil no es un mito, es una realidad; pero para alcanzar se requiere de mucha alimentación adecuada que le permita transmutar de hombre hacia un animal sagrado.

En la comunidad donde vive Fidel, los wanquil están desapareciendo, unos cuantos quedan y son contaditos, se cree que en poco tiempo no habrá muchos de estos sabios. “Ese es el último grado del saber del yachac, el wanquil es más sabio, es como se dice en el mundo occidental, un científico de la naturaleza”, afirma Fidel.

Hombres y mujeres pueden ser wanquil. Todos los seres humanos que deciden y cumplen rigurosamente cada paso, hasta alcanzar el nivel de conocimientos, puede lograr el objetivo, con la guía de otros ancianos, por cierto.

Hoy en día, desde que la colonización es mayor en la zona oriental ecuatoriana, esa posibilidad disminuyó. En los espacios donde viven los kichwa hablantes orientales se reactivó el machismo y las mujeres fueron perdiendo la fuerza presencial. En los últimos años, con el fin de contrastar esa realidad que no es de su cultura, la comunidad retoma valores antiguos y las mujeres pueden llegar a ser curanderas, pueden trabajar igual que un hombre, y aspirar a convertirse en wanquil.

Un futuro wanquil aprende observando la práctica de los mayores, de los abuelos. Poner atención en las plantas que usan para hacer los preparados, en la forma como ingieren los alimentos y el tiempo que tienen que consumir; todo eso cuenta a la hora de aspirar a convertirse en ese sagrado sabio, el más sabio de entre todos los shamanes.

Los saberes de los sabios kichwa amazónicos.
En los pueblos orientales de la Amazonía, los saberes de la gente se traspasan de generación en generación, eso garantiza que sus principios de vida, sus costumbres, sus formas de convivir no se pierdan. La enseñanza a hombres y mujeres, dentro de estos clanes, no es académico. De acuerdo a las hábitos que son propios de sus espacios, son los abuelos y padres quienes imparten a los hijos, nietos y de quienes de ellos desciendan, cada uno de los saberes.

En este proceso de traspaso de saberes cuentan dos aspectos: primero, lo que ellos conocen como “don”, o aptitud con los que muchos nacen; y segundo, las ganas de aprender que tenga el o la joven. Ellos saben, y por experiencia, que en la familia no todos tienen ese don pero siempre hay entre uno, dos o tres que nacen para ser shamanes.

Ahora bien, el don no es todo. Si bien es una cualidad favorable, también cuenta cómo los sabios ancianos trabajan con quienes lo poseen para aplicarlo en su vida. “En el transcurso del aprendizaje nos van enseñando cosas prácticas y reales”, reseña Fidel.

Qué plantas y cómo se emplean cada una de ellas, es el primer paso que da todo shaman al inicio de su carrera. Luego viene el conocer. hasta que punto, el joven aprendiz está dispuesto a trabajar para ayudar a la gente. Con esos dos principios bien fundamentados, los curanderos desempeñan su trabajo.

Las plantas y las fórmulas para la medicina
Aprender sobre las plantas es un proceso largo. Los sabios tienen que conocer, y a profundidad, qué plantas se deben comer, como no tener plantas contaminadas. Así mismo cumplir la regla de no comer carnes ni peces. Sólo cuando transcurre cierto tiempo, el futuro shamán puede ingerir cierta parte de carnes y ciertos peces; eso lo decide el maestro guía.

No comer carne durante la formación es relacionar la carne con la vida, pues un corazón deja de latir. En ese instante entra con intensidad la relación que tiene el ser con la naturaleza, con cada uno de sus elementos que merecen respeto. Ese respeto que es como un hijo y que hay que considerarlo como tal.

“Los abuelos nos dicen: esta planta sirve para tal enfermedad, esta planta sirve para otra cosa, en esta cantidad debes usar, no tienes que usar para otro sentido, ni para otra enfermedad porque no le va hacer bien; son ellos los que nos indican los efectos, la dosis a suministrar dependiendo de la edad, masa corporal, todo eso un shamán tiene que conocer y dominar”.

Los curanderos saben que las plantas tienen su tiempo de crecimiento, florecimiento y entrega de frutos. Son plantas estacionales.

“He averiguado mucho y he descubierto que cuando nace un tipo de plantas, es porque voy a tener pacientes que necesitan de esa planta. Si me salen otras plantas diversas del ambiente o del clima, yo se con qué necesidades las personas van a venir. Antes que la persona llegue, yo ya sé con que plantas voy a tratar y a curar, porque las enfermedades también se presentan de acuerdo al comportamiento de la naturaleza”, afirma Fidel.

La naturaleza es sabia. Los shamanes saben que nacen plantas que nunca antes habían visto. Esas especies anuncian que llegará una persona con una enfermedad desconocida para los sabios. Este fenómeno forma parte de la transmisión de la energía de la tierra al hombre, de la planta al hombre y del hombre a la planta.

Es un proceso de comunicación que se hace efectivo entre los seres vivos mediante las bebidas, uno de esos intermediarios se llama “ayahuasca”, bebida que posibilita al sabio tener la visión del mundo más allá de lo que se ve. Es la bebida la que permite ese diálogo y esa comunicación; así mismo es la que conduce hasta lograr que el paciente entre en contacto con la bondad de las plantas.

Los shamanes han comprendido que muchas veces, las enfermedades se presentan acorde al clima, a la temporada. Las plantas de invierno combaten males propios de la época de lluvias, mientras las plantas que nacen en épocas de sol, se aplican para sanar males del verano. Saber ese comportamiento de las plantas obedece al trabajo que los shamanes cumplen en base a ellas.

Las fórmulas para la elaboración de las aguas medicinales son múltiples, muchas veces se combinan con picos o plumas de ave, la uña de algún felino, todo depende del proceso de aprendizaje y de la comunicación que el sabio tienen con la tierra. “Como todo ser vivo estamos en la madre tierra y con ella nos comunicamos”, es la sentencia.

Es cualidad de los curanderos conocer las partes de un animal que se pueden combinar para hacer una medicina. Hay partes de aves, reptiles, cuadrúpedos, pero no todo se emplea, hay órganos específicos que se toman. Muchas veces hay que sacrificar a los animales para sacar la manteca, porque así como es medicina, es alimento. Para que no haya extinción de especies, los nativos de esas zonas mantienen la cosmovisión indígena de trabajar por chacras (energía) y sacrificar uno solo entre la manada .

“No hacemos un trabajo mancomunado como los mestizos, cuando ellos llegan destruyen la montaña, las plantas; nosotros no, trabajamos por chacras, no somos comerciantes grandes sino seres guiados por la convivencia. Cuando hablamos de chacras, nos referimos a las energías como también a las chacras como espacios de cultivos, dependiendo del tema que se aborde”, así lo señala Fidel. (BSG)-(Intercultural)