Los yachac y sus métodos de sanación.

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Beber la ayahuasca, limpiar con la vela, dos acciones de las que parte el sanador para diagnosticar los males que padece el paciente y que pueden ser enfermedades del organismo o malas energías, “maldad” como dicen ellos.

Antonio Shiguango Tunay es parte de la organización de Yachac que se formó en Tena, capital de la provincia del Napo. Cerca de 120 curanderos están como miembros de la asociación. “A nivel del país, habremos más de 200 yachac”, dice.

Conversar con el sabio es acercarse a su mundo de saberes propios de su cultura. Antonio, miembro de la comunidad de kichwa orientales, no escatima esfuerzo en contar lo que sabe y lo que hace.

Mientras Antonio hablaba de sus saberes, en el lugar donde se puso a conversar sonaba de vez en cuando la quipa o churo, ese sonido de pronto se perdía por el estruendo de los relámpagos que anunciaban la lluvia. El diálogo era ameno. Su voz se combinaba con el rose de las cientos de pepas, dientes, guadúas que daban forma a su espeso collar.

La ayahuasca y la vela como paso inicial

El hombre de un verbo demasiado rápido decía, así tan seguro como es en su trabajo de sanador: “Utilizamos y tomamos la ayahuasca primero, para con eso ver qué no más tiene el paciente. Hay que identificar el malestar del cuerpo y según eso hacemos las curaciones o la limpia de la mala energía que tenga el enfermo”.

En los últimos tiempos, las enfermedades han crecido. “Hay muchas” dice Antonio. De diversos lados del país llegan donde los shamanes para recibir la ayuda, recalca. Esa es la experiencia que vive, pues a su casa o a su espacio de curación arriban los necesitados, y es en ese momento cuando el sabio procede al diagnóstico y determina qué males aquejan al cuerpo y alma.

Los pacientes que buscan la medicina natural aplicada desde los conocedores de los saberes ancestrales de las comunidades orientales presentan malestares del estómago, de la cabeza y de otras partes del cuerpo.
Antes de ingerir la ayahuasca, se hace el diagnóstico con la vela. Eso es rápido y sencillo. El Shamán toma la vela, con ella limpia el cuerpo del paciente, luego la enciende y en el brillar del fino fuego verifica el mal que a primera vista afecta al paciente.

El diagnóstico es completo. Primero, se toma la ayahuasca para diagnosticar al paciente, esto se complementa con el resultado que enseña la luz de la vela, los dos indicadores permiten a los sanadores estudiar el caso para determinar el tratamiento a aplicar, ya sea en curaciones con la medicina natural; y sanaciones con las cuales también combaten la enfermedad.

Cómo beber ayahuasca

Un sanador es un hombre sabio. En la mesa de Antonio y sus compañeros yachac estaban varias especies de plantas, bebidas y más accesorios que son los elementos básicos de su trabajo de sanación. Un pilche para la ayahuasca natural. El envase era un cuenco muy pequeño que cabía del todo en la palma de la mano.

El utensilio elaborado con calabaza plasmaba en la parte exterior la figura zigzagueada de una boa, esa gran serpiente de la amazonía. El sanador mostraba la alegoría de la cabeza de la gran culebra y decía que al paciente se suministra una media copita (por decir así y teniendo como medida ese pilche) de ayahuasca para que entre en el proceso del chequeo.

Para el sanador es importante advertir que, quien vaya a tomar ayahuasca debe tener conciencia absoluta del proceso en el cual entrará. Ingerir la ancestral bebida requiere de una preparación en el cuerpo y espíritu.
Antonio recomienda; “el día del ritual, el paciente no debe ingerir alimentos, salvo una dosis muy pequeña en el almuerzo. El paciente recibe su dosis de ayahuasca entre las 18:00 y 19:00, desde entonces se registra esa conexión entre paciente y sanador”.

Males relacionados con el mal funcionamiento de los órganos del cuerpo y daños provocados por la maldad, son atendidas por los sabios. “También curamos la maldad, así como se hace una operación, así mismo nosotros chupamos con la boca la suciedad, la maldad que lleva en el cuerpo, después de eso damos medicina natural y así desparece el dolor que tiene el paciente. Cuando hay un caso de maldad, le digo que ese es su mal y le explico como le vamos a curar”, afirma.

Enfermedad y maldad, esa es la clasificación de las patologías que, desde el saber de los yachac, afectan al cuerpo humano. Muchos de los sanadores trabajan con la medicina occidental. Antonio señala que ante cualquier problema relacionado con heridas del cuerpo, los sanadores envían al afectado a un hospital para que reciba el tratamiento; igual cosa sucede si existen casos de tumores, patologías que requieren el diagnóstico y tratamiento de la medicina occidental.

“Se trabaja con los hospitales, a veces de allá mandan a nosotros, y otras veces nosotros decimos que ciertas cosas hacen los doctores. A veces vienen con dolor de la barriga, de las piernas y no sale a nada en los análisis químicos, entonces nosotros le vemos y decimos, tal hombre o mujer está haciendo mal”, esa es otra de las experiencias de los yachac.

Las limpias, los brebajes y más tratamientos

El tratamiento de sanación incluye limpias y bebidas. Las limpias son a veces las primeras acciones a realizar en favor del paciente. El tratamiento contempla de dos a tres limpias, de acuerdo a cómo el cuerpo responda. Si el cuerpo está pesado hay que aliviar esa pesadez con al menos dos limpias.

Hay ocasiones en las cuales, los shamanes entregan amuletos que son las contras para las energías negativas.
Las bebidas se suministran luego del diagnóstico. Generalmente son jarabes preparados por los mismos shamanes. La prescripción para ingerir la pócima es labor del curandero, quien especifica la dosis y recomienda en ocasiones tomarlas con aguas aromáticas.

Las plantas para preparar los jarabes son diversas, hay miles, cada una con una función. Son plantas cuyas propiedades ya fueron usadas pos los ancestros, taitas, abuelo, padres y que se enseñan a las nuevas generaciones de yachacs. “Tenemos plantas para cada enfermedad: aquí tengo las plantas para la diabetes, para el mal de los nervios y para tantas enfermedades”, especificaba Antonio.

En dos litros de agua se pone una porción de uña de gato. Por 20 minutos se deja hervir. Después de este tiempo hay que retirar del fuego y añadir seis gotas de sangre de drago y listo; esa bebida se usa para controlar la diabetes y se debe tomar tres vasos por día”, así es como el sanador explica una de sus recetas.

En la mesa del consultorio del shamán nunca faltan las muestras de plantas, tal como una farmacéutica lo haría con sus muestras médicas. Así, en fundas plásticas estaban hojas verdes de “surupanga”, que se emplea en las limpias y es una especie propia de la selva. Junto a la “surupanga” reposaba la zaragoza, que para ellos tiene un olor especial y se usa para sanar males del estómago.

Hay plantas que vienen de arboles parecidos al bejuco. Otra de las variedades que exponía el sabio era el “chuiryuyu”, aplicada para hacer bebidas medicinales que combaten la hinchazón del estómago, hinchazón que muchas veces provoca un malestar profundo.

Dentro de la botica natural no faltó el matico oriental que sirve, a decir del shamán, para todo. “Esto crece como mala hierba. La hoja de matico tiene un lindo olor, es el matico oriental y ayuda a todo, con esto se hace el agua de matico”.

Formación de un sabio

Shiguango es un curandero, cuyo oficio asimiló de sus padres, abuelos y de algunos maestros. De ellos aprendió las técnicas para tomar la ayahuasca. Cuando era pequeño, lo primero que le hicieron fue la prueba del tabaco, eso fue de expirar por la boca y soltar el humo por la nariz. “Hacen tomar tabaco fuerte”, dijo.

Luego le enseñaron como poner las manos en la cabeza para trabajar con la energía. Ese paso exige saber poner la mano en la boca, porque es el que transmite fuerza. Los entrenamientos son varios y entre ellos se incluye un baño a las cinco de la mañana para tomar la energía del agua. El sanador tiene un don, nosotros nos encerramos y cada quien conoce de la materia”.

La formación de los shamanes incluye una dieta que contempla no comer ají, comida caliente, es decir, llevar una dieta especial, porque el proceso para ser un sabio, un verdadero sabio, es muy largo.

Los yachac, en su mayoría, llevan coronas de plumas y collares. Los dos elementos son parte de la identidad, y además tienen una función de sanación. Del cuello de Antonio Shiguango colgaba un grueso collar hecho con dientes de bujeo, un animal de la amazonía parecido a un tigre. Esos dientes blancos y alargados similares a los colmillos sirven para atraer los buenos negocios.

También incluyen como parte de sus adorno las semillas de calmito, que es una pepa grande. Las pepas rojas negras que provienen de la planta de chucumuyu y los canutos delgados de guadúa.

“A la hora de hacer un collar, todos sus elementos tienen que confluir en la energía. La pepa roja es un bloqueador y da energía al sanador. La guadúa igual. Cuando hacemos nuestro trabajo nos cargamos de energía y soplamos para nuestra defensa”, especifica el sanador. (BSG)-(intercultural).