Tumipamba valle de los caminos astrales.

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Para el estudio de los tumis, los investigadores señalan que: las constelaciones también tienen un camino cíclico anual: nacen, llegan a su plenitud, decaen y mueren.
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Tumi que tiene una “X” (equis), sin duda, motivos relacionados con la lectura astronómica que representa el domo celeste. BSG.

Las piezas estudiadas por Loyola para aclarar este tema enseñan imágenes de algunos tumis. BSG.
Tumi evidenciado en las excavaciones arqueológicas realizadas en Pumapungo, Cuenca, en 1988. BSG.
Algunos de los tumis se encuentran en los museos arqueológicos de la provincia del cañar. BSG.

La investigación de Hernán Loyola comprueba, en su libro Geografía Sagrada: Arqueoastronomía de Pumapungo Guapondélig que, o fue la ciudad de Tomebamba, sino el centro ceremonial de Pumapungo, en el valle Tumipamba, desde donde se podía observar las principales huacas o cekes (líneas) andinos, con su origen astral mítico, similar a los del Cusco.

Esos antecedentes permitieron desarrollar un estudio más completo partiendo de dos puntos: la concepción astro arqueológica de Tumpiamba, llamado con el nombre castellanizado de Tomebamba.

Algunos historiadores toman el relato de uno de los primeros colonos españoles de Tomebamba, Hernando de Pablos, quien a solicitud del Rey, previa la fundación de Cuenca, describe las características de la población y el significado de su nombre.

Este relato dice así: Se llama este asiento de la Ciudad de Cuenca y todo el valle, que se extiende desde Baños hasta la rivera del Machángara, que en lengua de estos naturales cañaris, Guapondelic; y cuando los conquistó la primera vez el Inga Yupangue, les preguntó que cómo se llamaba todo el valle: ellos respondieron: los Señores del que se llamaba Guapondelic, que quiere decir llano grande como el cielo le puso el inga Yupangue, el mismo nombre que en su lengua, llamándole Tomebamba.

Las objeciones a estos estudios no se hicieron esperar. Así: Víctor Manuel Albornoz acota y dice que: en cuanto a que Guapondélig y Tomebamba sean vocablos sinónimos que puedan verterse ambos por “Llano grande como el cielo”, el señor Jiménez de la Espada, es el primero en ponerlo en duda al comentarlo así:
“No sé que la voz kichwa tome o tumi tenga que ver con el cielo en sentido directo ni figurado. Hasta hoy se traduce como cuchilla semilunar parecida a la que emplean los zurradores para raer pieles, su forma y su uso eran muy variados, especialmente entro los yungas o costeños”.

El criterio de Jiménez de la Espada ha prevalecido hasta el momento. Tumipamba significa “valle de los cuchillos”; sin embargo, Santiago Agi, kichwista peruano, al revisar el nombre de Tumipamba, asegura que es una deformación de Tumaypamba, o “Llanura del principio y fin”.

Desde entonces se pensó en la deformación del nombre de Tumaypamba a Tumipamba como certeza de que Guapondelig o “Planicie grande como el cielo” o Tumaypamba, “Llanura del principio y fin” guardaban relación.

Cuando los tumis se invierten

Tumipamba es el valle cobijado por la bóveda celeste entre las colinas de Baños y Machángara, para comprobar hay que tan solo ubicarse en Pumapungo y observar el valle y delimitarlo con la bóveda o domo celeste.

La mayor sorpresa para el investigador, dentro de este tema, se da al momento de analizar los “tumis ceremoniales” custodiados por la reserva arqueológica del Museo Pumapungo en Cuenca, definidos como cuchillos de sacrificio.

Sin embargo, nunca se pensó que al invertir los “tumis ceremoniales”, formaban un semi círculo superior que representaban la bóveda celeste, cuya base muestra figuras singulares. Entre éstas, los investigadores anotan: hombres sosteniendo la bóveda – techo celeste; chacanas, -escaleras- en formas de rombos u óvalos con una cruz central.

Hay otro tumi que tiene una “X” (equis), sin duda, motivos relacionados con la lectura astronómica que representa el domo celeste y en él, los caminos diarios y cíclicos del sol y los demás astros. Al revisar las piezas arqueológicas se pueden observar que hay tumis para cortar y tumis ceremoniales, las empuñaduras de éstos últimos son fácil de identificar.

Parta justificar el concepto astral de tumi; Hernán Loyola se apoya para su investigación, en la obra de William Sullivan, en relación al planteamiento de Anthony Aveni, quien señala: “Se supone que las coordenadas polar y ecuatorial, no existió en los Andes… el sistema fundamental de referencia para la observación será el círculo del horizonte y el eje vertical formado por el sol, a través del cenit, un fenómeno que solo se da en las latitudes tropicales.

Durante un encuentro realizado cerca de 40 años atrás y denominado Etnoastronomía y Arqueoastronomía, Sullibvan coincide con otro científico, Owen Gingeriche, para quien: Una arqueoasatronomía megalítica de las latitudes altas, registran los movimientos tipo carrusel de los cielos al rededor del observador: arriba, alrededor, abajo…”.

La definición de Owen Gingeriche adquiere un significado valor en la tesis de Vintimilla que plantea sobre los tumis astrales; pues los puntos básicos de la arqueoastronía de los trópicos son: “arriba, encima, abajo y debajo: el oriente o naciente que es arriba; el cenit o la plenitud que es encima; el occidente o la decadencia de un astro, que es abajo; y, el descender al espacio de los desconocido que es el debajo para renacer nuevamente en el oriente o encima.

Con ello se dice que las constelaciones tienen un camino cíclico, anual y único: nacen, se levantan, llegan a la plenitud, decaen y mueren. Entonces, la visión prehispánica de los Andes fue geocéntrica, con ella se observa un movimiento astral diario de oriente a occidente, pero también se observa un movimiento anual, en el que el sol, aparentemente, cada día ocupa una diferente posición en las cordilleras.

En cuanto a las estrellas, igualmente, estas modifican su posición nocturna en el día y en el año, pero se indica períodos anuales de ingreso y otros de salida; tal es el caso de las constelaciones de las Pléyades y la Cruz del Sur.

Todas esos datos, hacen presumir a los investigadores que, el filo del tumi como el techo o el domo de la casa cósmica y a los movimientos astrales interpretarlos como escaleras o chacanas que les permiten asomarse, subir, llegar a la cumbre y bajar para luego perderse, como lo señaló Pachacutic Yamqui: En el mar de arriba y en el mar de abajo”.

Estos movimientos están representados en los mangos de los tumis sagrados de Pumapungo que pueden tener más de una interpretación; más aún, cuando la razón de su concepción se extravió por la acción de la campaña de erradicación de idolatrías y por el posterior devenir de otras culturas.

Los tumis astrales de Pumapungo

Las piezas estudiadas por Loyola para aclarar este tema enseñan imágenes de algunos tumis: uno de ellos con la figura de dos personas con piernas flexionadas, que según la interpretación de los profesionales, significan el esfuerzo de levantar y bajar posiblemente al sol y demás astros de la bóveda celeste en su caminar diario, del naciente al cenit y a la puesta: esto es, se levanta, llega a la plenitud, baja y desaparece. La parte baja del semicírculo superior o domo muestran figuras que representan nubes.

En esos tumis, llamó la atención, la diversidad de chacanas o cruces andinas que representan pachas o espacios andinos, así también el caminar diario de los astros y cómo estos se levantan, ascienden, coronan. Descienden para luego descansar en el espacio invisible de lo desconocido. Movimientos paralelos al quehacer diario del campesino o runa: que es conocido como el habitante de los Andes.

En analogía (cierta relación) con el sol, el runa se levanta antes del amanecer e inicia su quehacer diario: desayuna, va al trabajo y cuando el sol ha llegado al cenit o a su punto más alto, que es al medio día, almuerza y toma su descanso; luego retorna al trabajo para el anochecer o crepúsculo, regresar a su casa y merendar. Cuando el sol descansa, el runa descansa.

Este tumi también muestra la cruz y sus brazos que enseñan los espacios andinos: el de arriba que se lo conoce como Hananpacha; los horizontales que señalan el espacio en el que se mueve el habitante, conocido también como el mundo de aquí, o kaypacaha, y los conceptos del pasado o ñawpa y del futuro, denominado kipa, por último está el espacio de abajo o de adentro conocido como Ukupacha.

El óvalo que lo envuelve (a la cruz) representa al ciclo, mientras las hendiduras, gradas o chacana andina de una simulada doble pirámide alude a: la superior que es el mundo visibles; y la inferior o espacio de adentro o espacio desconocido.

De esa manera, Loyola toma algunos modelos de los tumis ceremoniales, y de cada uno de ellos descifra sus componentes simbólicos. (BSG) – (Intercultural)